Aunque podría haber dado mucho, muchísimo más de sí, Rupert Wyatt entrega una muy correcta película, con trasfondo ecológico/político incluido

★★★☆☆ Buena

El origen del planeta de los simios

No sé si es casualidad o no que en estos tiempos de crisis, de revueltas populares y de protestas ciudadanas contra el sistema, nos llegue una película que detalla el origen de la revolución simia contra la Humanidad que dio origen al mundo que conocimos en la mítica El planeta de los simios. Pero sin duda, es un rasgo de atractivo añadido a la película. Porque la película de Rupert Wyatt viene a transmitirnos un mensaje. Un mensaje que no es nuevo en absoluto, pero que el cine siempre se empeña en recordar: es el ser humano, y sólo el ser humano, quien provoca que la naturaleza (sea el medio ambiente o una especie animal) se vuelva contra él, y encima le da las herramientas para hacerlo.
Es una lástima, sin embargo, que la película no esté a la altura del mensaje. El metraje comienza francamente bien, y tiene una conclusión que vale por sí sola el precio de la entrada. Las escenas de acción están filmadas con una pericia y una espectacularidad que ya quisieran para sí otros directores más curtidos en la materia, y los efectos visuales dejan con la boca abierta. Sin embargo, el segundo acto se alarga en demasía, y conlleva un bajón en el ritmo que lastra mucho, muchísimo a la película. La cinta no es excesivamente larga, pero aun así llega a hacerse pesada antes de ese espléndido tercio final ya mencionado. No ayuda que James Franco no tenga precisamente su mejor día, ni que Freida Pinto se pasee por allí sin que nadie llegue a saber por qué su personaje tenía que aparecer en la película (muy pocas veces he visto un rol tan sumamente florero…. Es que, ¿qué hace su personaje en la película, aparte de ser la imprescindible novia guapa del protagonista? Me llamó mucho más la atención Tom Felton, en su primer personaje post-Harry Potter).
Sin embargo, sí existe una razón para recordar la película para siempre, y esa no es otra que Cesar. O mejor dicho, Andy Serkis. El inglés está poco a poco convirtiéndose en un especialista en modelar personajes cuyo aspecto será después generado por ordenador. Aquí, no sólo consigue imitar a la perfección los movimientos de los simios, sino que sus expresiones y la profundidad de los sentimientos que expresa aportan una enorme emotividad.

En definitiva, una película muy correcta, muy actual y muy diseñada para pensar en el mundo que nos rodea.
Lo mejor: Andy Serkis y su diseño de Cesar, y las escenas de acción (y muy especialmente, la batalla final en el Golden Gate)
Lo peor: El segundo acto, demasiado lento
publicado por Alba Viñallonga Cruzado el 14 agosto, 2011

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