Historia de dos parejas, donde la parte del deseo flojea y la del amor brilla…

★★☆☆☆ Mediocre

Solo una noche

Intérpretes: Keira Knightley, Sam Worthington, Eva Mendes, Guillaume Canet.
Sinopsis. Es la historia de una noche. Una pareja neoyorkina, la formada por Sam Worthington y Keira Knightley, se separa durante una noche por un viaje de trabajo. Él tiene que viajar por negocios junto a su bella y exuberante compañera de  trabajo (personaje de Eva Mendes). Ella se encuentra con una antiguo amor (personaje de Guillaume Canet) con el que pasara la noche. A la confusión de la única noche que pasaran separados, ayuda la discusión de celos que tuvieron la noche anterior durante una fiesta.

Crítica. Estamos ante un relato de celos, sexo y amor. Como me han hecho definirla ya esta mañana; malilla pero curiosa. Es domingo por la tarde y el calor del centro de Madrid, nos acerca a una de las salas de cine que más solemos visitar. A pesar de la bella chica que no paró de preguntarme cosas sobre la película durante todo el tiempo, y eso que no nos conociamos de nada y tampoco salimos del cine diciéndonos adiós, la película fue entretenida y se ciñó bastante a lo que esperábamos: más de actores que de historia. Son los que le dan algo más de credibilidad al asunto. Nos referimos sobre todo a la pareja Canet-Knightley, mucho mejor que los insulsos y casi sin pasión Mendes-Worthington. A ellos le correspondía la parte del deseo por lo prohibido, de lo carnal y no me parece que muestren demasiada tensión sexual. Un buen revolcón hubiese enmascarado la falta de todo en esa pareja. La escena de la piscina nos parece lamentable y casi incomprensible. Muy poca pasión, muy poca excitación,…, cuando es precisamente el rol a interpretar por esta pareja.

El amor lo encarna la dupla Canet-Knightley. Amor quizá imposible, amor quizá prohibido,…, pero amor puro, amor bonito, amor con mayúsculas. Ese amor que se impregna en una carta, en un sms, en un correo electrónico, en una postal, en un recuerdo. En cada palabra, porque cada palabra es sincera, es honesta, es pura, emana del interior y se incrusta en el pecho de la persona que tienes enfrente. Ese amor que no necesita de ojos para verse, porque subsiste en los corazones, pero que al verse eclosiona, irradia, ensombrece al resto. Ese amor que tras años y años se recuerda, duele, marca,…, pero bonito, sin duda bonito. Amor en cada gesto, en cada latido, en cada inspiración. Amor por encima de todo y de todos, por encima de sus condiciones de contorno y de sus condiciones iniciales,… Amor que sobrevivirá siempre, pese a la distancia, amor que quizá en otra vida triunfe… o quién sabe, quizá en esta… que cada uno lea el final como quiera. La interpretación es libre…

La historia se queda justita de profundidad y apunta más calor del que finalmente genera. Mérito tienen los diálogos y algunas escenas de pausa le confieren el ritmo necesario, la lentitud un un fuego con  el que el espectador logra cocinar su identificación con los personajes y sus situaciones.

Desde esta tribuna esperábamos también mucho de la banda sonora de Clint Mansell, pero apenas unas notas nos le hacen reconocible y apenas algunos acordes nos llevan a darnos cuenta de que hay música.

Un película del montón, malilla desde su concepción, pero curiosa desde el punto de vista sentimental, curiosa. Eso nos la ha hecho algo entretenida, sobre todo por esa dupla Knightley-Canet.

La pueden ver y nos pueden comentar, por favor. Se lo agradeceremos. Ya son conocedores de nuestra falta de criterio.
 Nota general: 3,0 sobre 10.
publicado por Lucas Liz el 14 julio, 2011

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