El aclamado realizador de Tumbsucker cuenta con un reparto excepcional para su segundo filme. Contando con el Obi Wan Ewan Mcgregor, el protagonista de Sonrisas y Lágrimas Cristopher Plummer y la revelación femenina de Malditos Bastardos Melanie Laurent.
Todos ellos formidables en una historia adulta que mezcla de forma excepcional un humor acido acompañado de un poso de tristeza en una oleada final llena de esperanza, un cine elegante que recuerda al mejor Won Kar Way. Estamos ante la emotividad sin florituras de cámara ni efectos especiales, sólo basta un guión sólido y actores que desprenden vida en diálogos antológicos.
La sencillez como prueba de buen cine, la depuración del arte es sin duda contar un buen relato. Este filme intimista logra sus mayores logros en el recurso de hacerlo fácil. La sencillez es envolver al espectador con pequeños fragmentos de vida.
