Clásico infantil reconvertido en thriller para adolescentes, con sustos, un hombre lobo, un triángulo amoroso y, ante todo, una clamorosa falta de sentido del ridículo.

★☆☆☆☆ Pésima

Caperucita roja (red riding hood)

Esta nueva adaptación del clásico infantil Caperucita roja tiene el punto a favor de saber en todo momento cual es su público objetivo y a que tipo de espectadores quiere ofrecer su producto. Lamentablemente la película se equivoca en todo lo demás. Porque lo cierto es que no tiene demasiado sentido querer hacer una nueva aproximación de un cuento infantil tan popular como éste, con un carácter pretendidamente más adulto (adulto tirando a adolescente para ser más exactos), convirtiéndolo en un thriller gótico y sobrenatural con toques fantásticos y de terror, para terminar tratando a ese público objetivo que estaban buscando como niños de menos de diez años.

La acción de la película se sitúa en una pequeña aldea aislada del mundanal ruido y rodeada por bosques. Durante mucho tiempo el lugar fue asediado por un peligroso hombre lobo que atacaba a los aldeanos, pero se logró llegar a un acuerdo con él (no me pregunten como) ofreciéndole sacrificios animales para saciar su voracidad. Veinte años más tarde el pacto se rompe y el licántropo ataca salvajemente a una joven lugareña, provocando el terror entre sus vecinos. Para lograr capturar al bicho contratan a una especie de sacerdote religioso cazador de hombres lobo (su tarjeta de visita debe ser un primor) que llegará hasta el pueblo acompañado por una horda de aguerridos soldados para dar caza al bicho y lucirlo como trofeo sobre la chimenea. Lo que sucede en estos casos es que el remedio suele ser peor que la enfermedad y el recién llegado se comportará como todo un inquisidor, sospechando de todos los habitantes de la villa, sin temblarle la mano para recurrir a la tortura, si es necesario, para conseguir información.

A todo esto resultará que la chica asesinada, nada más empezar la película, es la hermana de la protagonista, Valerie, una joven a quien su abuela, en un momento dado del film en el que el hombre lobo acecha a los habitantes del lugar, le regala una discretísima capa roja para pasar de lo más desapercibida para cruzar el bosque. Resulta que la chica está enamorada hasta las trancas de un atractivo leñador (guiño, guiño), pero su familia decide prometerla con el joven más rico de la zona, lo que sume a la muchacha en una desesperación tal que incluso llega a plantearse el hecho de escapar junto a su enamorado. Lo que viene a suceder es que con un hombre lobo merodeando por la zona, una familia sumida en el dolor, y las sospechas de que cualquiera puede ser la bestia sanguinaria, pues como que no les acaba de venir del todo bien el intento de fuga de los tortolitos.

Para dirigir este despropósito le han encargado el trabajo a Catherine Hardwicke, para ver si conseguía repetir el éxito cosechado con la primera entrega de la saga Crepúsculo. Lamentablemente lo único que han logrado repetir ha sido la fórmula, porque éxito poco y el resultado final deja bastante que desear. Entre los actores encontramos a Amanda Seyfried (¡Mamma Mia), interpretando a la protagonista, a quien le debieron meter algo en la Coca-Cola para que aceptara el proyecto; a Gary Oldman, quien, tristemente, se está especializando en encarnar a los malos de las malas películas y que ya empieza a necesitar un buen proyecto al que agarrarse como el aire que respira; y nos reencontramos con un semi desaparecido Lukas Haas (el niño de único testigo y visto en Mars Attacks). Ninguno de ellos está bien y, sin embargo, uno tiene la sensación de que tampoco se les puede culpar de nada.

La mitad de la película es una bobada, la otra mitad es una soberana estupidez y sin embargo ese no termina resultando ser el peor de los problemas del film. Su mayor problema es que a pesar de todo lo dicho la cinta pretende tomarse en serio convirtiendo la trama en una especie de thriller donde el espectador deberá averiguar quien se esconde tras la forma humana del hombre lobo. Un hombre lobo quien, por cierto, en su forma animal logra hablar con algunos de los humanos, pero no hablando moviendo el hocico, no, no, eso aún hubiera tenido cierta gracia, lo hace con telepatía, ¡comunicándose a través de la mente!. Para colmo, la peli se empeña en influir sobre el espectador de la forma más tosca y absurda posible, mostrando ciertos personajes después de cada ataque del hombre lobo o introduciendo música de suspense con la aparición de algún otro para lograr sembrar la duda. En mi caso sembró la carcajada. Y es que los despropósitos se van sucediendo a lo largo de una trama que no avanza, se precipita a lo largo de su poco más de hora y media de duración, con momentos que rozan de forma constante el absurdo, como esa familia que el mismo día en el que pierden a una hija, muerta a manos de un hombre lobo, por la mañana, preparan la boda de su otra hija por la tarde y bailan entre risas en una improvisada fiesta en la plaza mayor del pueblo por la noche. A eso se le llama tener un día completo. Ya si eso, otro día les hablo de los efectos especiales, que también tienen lo suyo.

publicado por Jefe Dreyfus el 1 junio, 2011

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