La película pone de relieve lo frágil que puede ser el sistema judicial a la hora de hacer justicia de verdad, ya que realmente todo se puede manipular conociendo bien el entramado legal.

★★★☆☆ Buena

El inocente (the lincoln lawyer)

Unos sugerentes títulos de crédito en pantalla dividida dan inicio a El inocente (The Lincoln lawyer, Brad Furman 2011), un intenso thriller judicial sobre un frívolo y engreído abogado que trabaja desde el asiento trasero de un Lincoln recorriendo las calles de Los Angeles. Un día recibe un caso de un conocido para defender a un chico, hijo de una influyente familia, acusado de agredir a una prostituta. A priori parece que le resultará fácil y lo maneja de la misma forma expeditiva con la que trata la mayoría de sus litigios, pero las cosas se complican y no todo será tan sencillo.

En principio puede tener algunos puntos en común con Algunos hombres buenos, como la frivolidad del abogado, la influencia de su padre que también lo era, y el hecho de la evolución del personaje al enfrentarse a un caso más complicado de lo normal. Sin embargo el contexto en que se desarrolla la acción y el desenlace de la trama son totalmente distintos de la estupenda cinta de Rob Reiner.

Matthew McConaughey hace una de sus mejores interpretaciones protagonizando este film en la piel del ambiguo abogado.  Goza del carisma necesario para estar presente en pantalla prácticamente las dos horas de metraje y muestra una gran presencia en escena. Le acompañan otros rostros conocidos como Marisa Tomei, William H. Macy o John Leguizamo.

La película pone de relieve lo frágil que puede ser el sistema judicial a la hora de hacer justicia de verdad, ya que realmente todo se puede manipular conociendo bien el entramado legal y haciendo un uso inmoral del mismo aprovechándose de las fisuras que tiene. Una fotografía hiperrealista de tonos muy contrastados, y un uso muy notorio de los primeros planos que nos acercan de forma casi claustrofóbica  a los personajes, son las herramientas estilísticas que utiliza Brad Furman para dirigir con pulso firme este intrincado laberinto de estrategias legalistas. Todo ello respaldado por un sólido texto, ya que se trata de la adaptación de una novela de Michael Connelly, autor también de Deuda de sangre, que fue llevada al cine por Clint Eastwood.

En definitiva una película intensa, entretenida, bien interpretada, de la que si bien se entiende globalmente la historia, es de esas películas que para captar todos los detalles y matices se requiere de un segundo visionado, pues a veces el espectador se puede perder un poco entre la jerga legalista que se maneja en la historia.

Lo mejor: El protagonista Matthew McConaughey y el guión.
Lo peor: A veces uno se pierde un poco en las estrategias de unos y otros con la jerga legalista, auque globalmente la película se entiende perfectamente.
publicado por Ramón Ramos el 17 mayo, 2011

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