Más entretenida que emocional y con mejores personajes secundarios que protagonistas, The Fighter no deja de ser una buena película dentro de un género donde ya existen demasiadas obras cumbres.

★★★☆☆ Buena

The fighter (the fighter)

The fighter es uno de esos dramas/biopic/basado en hechos reales/superación personal/sueño americano, que tantas nominaciones y premios suelen reportar a sus responsables. La película que hoy nos ocupa, no obstante, consigue algo tan complicado como es que el espectador contemple, desde su cómoda butaca, como a uno de sus protagonistas le propinan la paliza de su vida hasta dejarlo prácticamente moribundo, que otro de sus personajes principales se pase la gran mayoría de la cinta drogado y fumando crack como un poseso y que, a pesar de ello, resulte de lo más entretenida e, incluso, divertida en varias ocasiones. ¿Magia? No, Hollywood. Y que conste que en esta ocasión no lo digo como algo negativo (al César lo que es del César).

Micky es un joven lleno de energía que intenta hacerse un nombre dentro del mundo del boxeo a base de lucha y esfuerzo. Cualidades no le faltan al muchacho, pero el problema vendrá más bien de su entorno más cercano, ya que su entrenador personal es su propio hermano, una vieja gloria de los cuadriláteros famoso por haber logrado tumbar en una ocasión a todo un campeón mundial pero que, desde entonces, se ha ido hundiendo más y más en el peligroso mundo de las drogas, hasta convertirse en un despojo y una sombra de lo que algún día llegó a ser; y su mánager resulta ser su madre, una señora de enérgico carácter, evidente adicción al tabaco e imposibles crepados capilares, que se aprovecha de su hijo para beneficio propio y del global de su familia, incluyendo el hecho de organizarle combates de poca monta que sabe de antemano que no puede ganar debido a la diferencia de peso existente entre ambos contrincantes.

Toda esta situación cambiará el día en que Micky conozca a Charlene, una camarera de un bar del pueblo con la que entablará una relación sentimental y quien, poco a poco, intentará alejarlo de la influencia dañina para su carrera que ejerce su familia. Lógicamente, tal situación comportará un duro enfrentamiento con su allegados, quien hasta el momento habían poseído completamente el control de la vida del joven púgil. Estos nuevos aires le sentarán bien a Micky quien empezará a tomarse más en serio su carrera (tener un entrenador personal adicto al crack no es lo mejor para conseguir cierta regularidad y dedicación) y empezará a disponer de alguna que otra buena ocasión para abrirse camino dentro del mundo del boxeo.

Uno tiene la sensación de que hoy en día ya no basta con ser un buen actor, además se tiene que ser bueno eligiendo los papeles que se interpretan. En este particular arte, Christian Bale se ha erigido como un auténtico maestro. En la película interpreta al hermano perjudicado por las drogas y, una vez más, borda su papel, incluyendo uno de esos drásticos cambios físicos que tan bien se le dan (como ya hiciera en El maquinista). El otro caramelo de la película es el papel de la madre del protagonista, interpretada por una fantástica Melissa Leo. En el otro lado de la balanza encontramos a los personajes interpretados por Mark Wahlberg y Amy Adams, que no es que no estén bien, ni mucho menos, es simplemente que lucen bastante menos debido a que sus personajes son mucho más planos y, por qué no decirlo, soporíferamente plomizos, interpretando al joven boxeador y a la novia que le enfrenta con su familia. En la dirección encontramos a David O. Rusell, director de “marcianadas comerciales” del calibre de Flirteando con el desastre, Tres reyes y Extrañas coincidencias.

La película tiene un punto a favor tan evidente que termina cayendo por su propio peso: los dos personajes secundarios que les comentaba y que se terminan comiendo la película con patatas, logrando que la cosa mejore y suba bastantes enteros cuando cualquiera de los dos aparece en pantalla, acaparando toda la atención del espectador con su arrolladora personalidad. Dicho lo cual el punto flaco del film también termina quedando al descubierto: los personajes principales no terminan de estar a la altura, pecando de sosainas en más de un momento, metidos en una historia de amor y deporte que, no nos vamos a engañar a estas alturas, lo cierto es que no aporta nada nuevo que no hayamos visto antes. A pesar de lo dicho The Fighter dispone de la loable cualidad de entretener lo suficiente para que las dos horas de la cinta se pasen volando, resultando tremendamente efectiva, aunque echándole de menos, quizás, un mayor poder de convicción para emocionar al espectador, ámbito en el que, el film, termina cojeando en exceso.

publicado por Jefe Dreyfus el 11 mayo, 2011

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