El circo en el cine suele deparar grandes historias. El mayor espectáculo del mundo, Trapecio entre otras nos traen la grandeza de sus habitantes recordándonos cuando de pequeño se nos desbancaba el corazón cuando llegaba a nuestra ciudad el entretenimiento sírquense.
Agua para elefantes nos congratula con el verdadero cine de entretenimiento, el arte de grandes historias de amor, de triángulos amorosos llenos de tragedia siempre con final feliz. Sorprende el radical cambio de género del realizador de Soy leyenda Francis Lawrence que logra brillantes actuaciones del reparto. Un Robert Pattinson que intenta alejarse de su imagen en Crepúsculo, acompañado por el Maldito Bastardo Cristopher Waltz y la rubia muy legal Reese Witherspoon.
Los tres forman un duelo amoroso con el consabido enfrentamiento de dos hombres por una mujer en un marco de ensueño. El filme no tiene intención de arriesgarse en los bajos fondos de un circo agonizante. Se habla de pobreza pero se muestra una luminosidad hermosa con colores notables en una fotografía preciosista, nos encontramos ante un producto hecho para agradar.
Logra su objetivo y nos hace sentirnos bien.
