En un mundo mejor (haevnen)

Es interesante comprobar cómo varían las orientaciones estéticas o culturales de algunos directores de cine. En el caso de la danesa Susanne Bier, el asunto es bastante evidente. Porque pasar de seguir el manifiesto Dogma a hacer una película tan convencionalmente cinematográfica (utilizando todo lo proscrito por Lars Von Trier y los suyos) es todo un prodigio fe digno de Indiana Jones en su última cruzada.

Bier retoma la escala de planos, los actores profesionales, la música extradiegética y demás artificios del medio cine, y lo hace para presentar una película muy aseada, muy bien realizada, en la que lo fundamental es, como diría aquel, "el mensaje". Sí amigos, estamos ante una peli comprometida. Pero no huyáis antes de tiempo. No es aburrida, no es un pelmazo, tiene tensión y en momentos concretos puede llegar sobrecoger. Pero tampoco es perfecta.
Empecemos por los defectos. Para empezar, esos devaneos artistoides de la directora, traducidos en numerosos planos almohada (al estilo del japonés Ozu), que no aportan más que suspiros de exasperación por parte del público. Y, cómo no mencionarlo, ese tufillo a demagogia, a propuestas atractivas en su superficie pero demasiado facilonas en su fuero interno, más grave si se trata de una reflexión sobre un tema tan controvertido y tan susceptible al sensacionalismo como es la violencia.
Pero la película mantiene todo el tiempo el interés, gracias a un ritmo narrativo muy muy bien logrado, a una dosificación de los episodios más crudos y a una sabia alternancia de espacios. Por supuesto, se trata de una película de personajes, y los actores cumplen todos a la perfección (a destacar uno de los chicos, versión refinada y sutil del psicópata Macauley Culkin de El buen hijo).
En cuanto a cómo aborda la violencia, pues bien, el menaje es bien sencillito: la violencia es mala. Y se ilustra tamaña proposición con variantes y brotes de todos los tipos: acoso escolar, macarreo de clases bajas, brutalidad en aldeas africanas y, por supuesto, la atávica venganza. Que por cierto, también es mala. Igual que el miedo. Y la incomunicación. Aborda varios de los males de este nuestro mundo. Y lo hace de tal manera que al final uno se queda con la impresión de que le han contado una elaboradísima trampa (muy del estilo de la estadounidense Crash).

En definitva, una película muy interesante, que consigue incitar a la reflexión (aunque a veces lo haga recurriendo a la brocha gorda…) y que concilia cierto compromiso social con un uso atractivo del ritmo audiovisual. Así que, sí, recomiendo En un mundo mejor.
publicado por Jose María Galindo Pérez el 25 abril, 2011

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