Incendies (incendies)

Incendies es una película muy buena, muy muy buena. Tengo que empezar así la crítica porque la perfecta conjunción de los elementos estéticos, unida a una historia sobrecogedora que consigue emociones auténticas en el espectador, se lo merece. La película canadiense, obra del realizador Denis Villeneuve, es de lo mejorcito que he visto este año (y en este blog se ve mucho cine…). De nuevo se demuestra que el uso inteligente y cuidado de los recursos del lenguaje audiovisual dotan de un nivel a los productos finales muy alto (el último ejemplo, No tengas miedo de Armendáriz).

Incendies comienza con la lectura de un testamento, donde dos gemelos, Jeanne y Simon, descubrirán muchas cosas, entre ellas, que su padre sigue vivo y que tienen un hermano. Con inteligencia, Villeneuve sitúa esta secuencia como la inicial, ya que a partir de ella nacerán dos hilos narrativos paralelos y muy relacionados: uno hacia el pasado, mostrando la vida de su madre; otro en el presente, con las indagaciones llevadas a cabo por la hermana y el hermano en Líbano. Esta estructura del relato es perfecta, pertinente y bien resuelta, un ejemplo de fluidez y de rigor en el esquema del puzzle.

Pero la peli tiene otras muchas virtudes. Una de las principales, la fenomenal utilización de la cámara fija y en movimiento. El director da una verdadera lección magistral de cómo colocar la cámara: la mayoría de los planos de la película son fijos, y están encuadrados de la mejor manera posible. Hacía tiempo que no veía un talento tan grande con la ubicación de la mirada. Y cuando los planos fijos se mueven en panorámica siempre tienen un sentido. Lo mismo que se puede decir de los escasísimos travellings que hay, y que tienen una justificación narrativa absoluta y completamente genial (el cruce de un puente que supone el cruce a otra vida, la bajada de las escaleras que desemboca en otro momento crucial). En mi opinión, brillante como poco.

Y encontramos una descripción cruda pero en absoluto maniquea (esos planos fijos y estáticos no son gratuitos) de las atrocidades a las que conduce cualquier guerra (y más en aquellas que sestean peligrosamente con las religiones o las identidades culturales). Todo está medido, todo está dosificado, pero la tensión permanece, y cada episodio es un puñetazo más a las conciencias. Y encima con una gestión de la sorpresa ejemplar, desvelando poco a poco los misterios sobre los que se edifica la trama.

Sé que nadie me va a hacer ni puto caso, pero recomiendo encarecidamente a todo el mundo que vea Incendies. Puede que les guste, puede que no tanto, pero todos sacarán algo: emociones, una historia sobrecogedora, actuaciones muy competentes, una realización sencillamente acojonante. En definitiva, un verdadero peliculón.

publicado por Jose María Galindo Pérez el 26 abril, 2011

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