Película de aventuras sin grandes pretensiones con cierto aire a los péplum de antaño que cumple con su función de entretener y pasar un buen rato.

★★★☆☆ Buena

La legión del aguila (the eagle)

La gran mayoría de las películas de romanos a lo largo de la historia se desarrollaban en la Europa continental. La expansión del imperio en Britania ha sido menos popular en la gran pantalla, sin embargo en los últimos años el Séptimo Arte ha hecho varias incursiones en este escenario. En 2004 el director Antoine Fuqua nos presentaba a Clive Owen y Keira Knightly en El rey Arturo, que suponía una versión del mito más realista retratando al personaje histórico en el que supuestamente se basó la leyenda, y se trataba precisamente de un idealista paladín romano que combatía a los Pictos en el muro de Adriano. Más recientemente hemos visto La última legión (The last legion, 2007) y Centurión (Centurion, 2010) que tenían como eje argumental a la 9ª legión.

Ahora le toca el turno a La legión del águila (The Eagle, Kevin MacDonald 2011). Tras la pérdida del águila dorada, que simbolizaba el orgullo de Roma, por parte de la desaparecida 9ª legión, el honor de la familia de su líder quedó mancillado. Veinte años después, su hijo es nombrado centurión y elige como destino el muro de Adriano en Britania para tratar de recuperar el honor perdido de su familia.

Película de aventuras sin grandes pretensiones con cierto aire a los péplum de antaño que cumple con su función de entretener y pasar un buen rato. Protagoniza Channing Tatum que le pone ganas a su interpretación del centurión marcado por el pasado de su familia. Le acompaña en su aventura un esclavo britano encarnado por Jammie Bell, el otrora niño protagonista de Billy Elliot, y en papeles secundarios encontramos al siempre interesante, aunque aquí algo menos, Mark Strong (Camino a la libertad, Sherlock Holmes) y al veterano y eficaz Donald Sutherland.

Resulta interesante ver la recreación de un poblado celta, ya que en otras ocasiones los enemigos son simplemente tribus salvajes que aparecen de repente para luchar, pero aquí se puede ver un poco más la inmersión en cómo vivían los pueblos de origen céltico que habitaban en los Highlands. El mostrar al enemigo de un modo más cotidiano hace también ver que en una guerra todos en ambos bandos han sufrido las mismas tropelías por parte del contrario, y que el concepto de los buenos y los malos no se puede establecer de una forma genérica sino que se debe juzgar cada situación particular. Al final las guerras las comandan los políticos pero las relaciones humanas de las personas que se ven cara a cara en el campo de batalla son las que tienen autoridad moral para juzgar quienes son los buenos y quienes los malos. Honor y traición son dos términos que se utilizan en los diálogos durante todo el metraje.

Curiosamente, siendo una película de acción y aventuras, las escenas de lucha son un punto débil por ser algo confusas y caóticas. A veces se echa de menos el ralentí perfectamente coreografiado de 300 para ver lo que pasa en vez de intuirlo. Los diálogos son correctos, pero no creo que de aquí vaya a salir ninguna frase antológica. Sin embargo el espíritu de clásico de aventuras y la tensa relación de los protagonistas entre la lealtad y la traición, mantienen el interés de esta cinta de romanos que sin llegar al nivel Gladiator, resulta un film bastante decente, ameno y entretenido.

Lo mejor: El espíritu de los clásicos peplum y cine de aventuras.
Lo peor: Escenas de acción algo caóticas.
publicado por Ramón Ramos el 9 mayo, 2011

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