Por suerte esta película es prácticamente muda; es una de esas películas de ciencia ficción con larguísimos planos en silencio. También es extremadamente surrealista, hasta el punto de que a veces es imposible tener idea de lo que se está viendo.
En un extraño mundo vacío, postapocalíptico, una niña blanca como el mármol pulido tiene el único propósito de cuidar de un huevo de ave, y se lo lleva a todas partes bajo su vestido, dando la impresión de estar embarazada.
También hay un tipo con capa y báculo, muy serio, que parece saber de qué va la cosa, más o menos, o no. Él sigue a la niña y la presta ayuda de vez en cuando, hasta que ella le permite acompañarle, y enseñarle de dónde viene el huevo. O, eso es lo que he podido deducir, porque el guión de esto es francamente inaccesible en un primer visionado.
El mundo por el que transitan está desolado… Una ciudad japonesa en ruinas, vacía y a oscuras, abandonada a la invasión de la naturaleza vegetal. De vez en cuando aparecen unos hombres grises, ajenos a los protagonistas, que se dedican a intentar cazar sombras de peces gigantes, infructuosamente. ¿Son fantasmas del pasado? ¿Son seres reales? ¿Son la niña, el huevo y el hombre invisibles a ellos?
A mitad de la película, por fin el hombre se pondrá a hablar y dará una pista sobre cuál es en realidad la temática de la película, citando directamente su fuente de inspiración, pero inmediatamente después se vuelve a callar y nadie dice nada más, dejándonos sólo con las magníficas animaciones e ilustraciones.
Lo mejor: Las ilustraciones.
Lo peor: Que es impenetrable.
