Nueva entrega de la saga de “”Crepúsculo””, con la excusa de Caperucita de por medio

★★☆☆☆ Mediocre

Caperucita roja (Red riding hood)

La nueva película de Catherine Hardwicke, célebre (muy a mi pesar), por su participación en la saga de Crepúsculo, no es ni más ni menos que un nuevo acercamiento a temas tan apasionantes como el pasteleo adolescente, el amago de erotismo, un terrorcillo de quiero y no puedo, es decir, el repertorio al completo de las mariconadas protagonizadas por una virgen convencida del poder que emana de su pureza, unos vampiros que brillan al Sol y unos licántropos que se asemejan peligrosamente a unos perros callejeros muy necesitados de un buen lavado.

La historia pretende reinventar, revisar o darle un nuevo aire al cuento clásico de Caperucita y el lobo. Una ambientación muy buena (quizá demasiado colorista para mí, creo que el tema pedía algo más sombrío), una joven actriz de ojos azules y a rodar. Todo ello envuelto por el presunto misterio del lobo que atormenta a los habitantes del pueblo en las noches de luna llena, exigiendo sacrificios de animales. Un planteamiento argumental así podría haber derivado en una película elegante y aseada en manos de M. Night Shyamalan, o en una orgía de sangre y vísceras si el encargado hubiera sido, qué sé yo, Sam Raimi o Wes Craven. Pero la directora de Crepúsculo se lleva el tema a su terreno, un terreno de mierda, valga el exabrupto…

Porque Hardwicke se empeña en convertir el tinglado en un culebrón venezolano de los cutres y excesivos, trufando la narración de secretos familiares, de triángulos amorosos, de romances prohibidos y demás estupideces que no hacen otra cosa que alargar la película sin necesidad, cuando podía haber sido resuelta de manera mucho más satisfactoria centrándose en el terror del lobo. Hablando de lo mala que es esta directora, habría que resaltar el continuo amago que supone cada acercamiento a algo medianamente controvertido. Si hay escena de cama, no se ven ni los tobillos; si hay ataque de lobos, no hay ni sangre (no me jodas hombre…). Vaya pudor más asquerosamente comercial…

Por no mencionar al personaje de Gary Oldman. Un sacerdote experto en la caza de monstruos deriva en un fanático integrista religioso (parece inspirado en Rouco Varela) que desata una caza de brujas en un pueblo al que, supuestamente, había venido a rescatar. Y, por supuesto, el personaje del retrasado que parece que Shyamalan convirtió en tópico con su película El bosque. Qué cantidad de necedades por página en un guión…Y una duda que me corroe, ¿qué hacen actrices de talento como Virginia Madsen o Julie Christie metidas en este berenjenal? ¿Les hace falta? Porque si es por pasta yo las llamo para montar un proyecto con un poco más de dignidad…

En fin, una película que promete mucho más de lo que da, en gran parte por culpa de la mediocridad estética, narrativa y temática de su realizadora…

publicado por Jose María Galindo Pérez el 11 abril, 2011

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