Suspense a base de trampas (vulgares) y de trucos (baratos)

★★☆☆☆ Mediocre

El inocente (the lincoln lawyer)

Cuando uno ve una película como El inocente, no puede dejar de preguntarse varias cosas. Para empezar, ¿cómo es que profesionales del guión no se dan cuenta de los fallos clamorosos de narrativa? O, ¿por qué un reparto que reúne a gente del nivel de William H. Macy, Marisa Tomei o el gran Bryan Cranston pertenece a una película tan floja y tan indigna de su calidad interpretativa? Y una tercera, que podría ser: ¿por qué Hollywood se empeña muchas veces en revestir de seriedad y de presunto empaque producciones tan banales, superficiales e inverosímiles?
El inocente es una película de suspense y de tribunales. En ella, un abogado poco ortodoxo (¿por qué todos usaremos este concepto para tantas cosas?) es contratado por un cliente acusado de agresión a una prostituta y que esconde muchas cosas…A partir de esa premisa, se intenta construir una trama engrasada con varias líneas de investigación que pretende mantener en vilo al espectador.
El problema es que lo hace a partir de continuos giros absurdos, que exigen del espectador una credulidad y una estupidez pasmosas. Cada situación es resuelta de manera forzada, inventando datos y personajes sobre la marcha, recurriendo a trampas y trucos tan increíbles que producen una mueca de escepticismo cada dos por tres. Ese tipo de excesos se aguantan bien y se disfrutan en películas como Furia ciega, que apuestan todo a esa clase de planteamiento. Pero un suspense no puede basarse en continuas ocurrencias sin sentido.
Otro lastre insalvable es la poca entidad de los personajes protagonistas. El abogado es encarnado por Matthew McConaughey, un actor con sólo dos registros: sonrisa y media sonrisa (a veces los mejora poniéndose con estilo unas gafas de sol). Nadie puede creerse que este fulano sea un tipo duro y con múltiples recursos, porque es pedir demasiado a nuestra ingenuidad. De la misma manera que nadie puede creer que Ryan Phillippe sea alguien con tantos recovecos en su interior, porque su expresividad y su cara de niño juegan en su contra. Una pena que los buenos actores y actrices sean desaprovechados en papeles de mierda y sin ningún sentido…
Igual que es muy poco convincente (además de aburrido) presenciar las dudas morales y éticas sobre la justicia de un tío que se nos ha presentado al principio de la peli como un caradura carismático y sin demasiado apego a las normas. La coherencia narrativa brilla por su ausencia. Cuando veo esta película, me acuerdo de Plan oculto, de Sospechosos habituales, de películas de suspense perfectamente hilvanadas y rodadas con talento y solidez. Ninguna de estas cosas puede encontrarse en El inocente, que acaba aburriendo a base de sorprender con la primera chorrada que se les pasó a sus autores por la cabeza…
Puestos a elegir desmadre, me quedo con Furia ciega. Y puestos a exigir un entretenimiento más serio (en todos los sentidos), me decantaría por Código fuente
publicado por Jose María Galindo Pérez el 7 abril, 2011

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