Un desmadre como es debido que da lo que promete, sin exigir nada a cambio (no os dejéis engañar por las dos estrellas)

★★☆☆☆ Mediocre

Furia ciega (Drive angry)

Una macarrada. Un despiporre. Una serie B (o Z…) con pasta de por medio. Una película que no respeta absolutamente nada, empezando por ella misma. En definitiva, una hora y media muy divertida de cine. Lo último de Nicolas Cage, Furia ciega, encajaría perfectamente en un proyecto a lo Grindhouse de Tarantino y Robert Rodríguez, y no tendría nada que envidiar ni a Death Proof ni a Planet Terror.
En producciones como éstas, resulta inoportuno hablar de las bondades del guión, de las interpretaciones, de la puesta en escena, de la dirección de fotografía o del montaje. Todo eso es irrelevante. Lo único que cuenta es la cantidad de elementos que hay que hagan que la película provoque, la diversión, la sonrisa irónica o la carcajada más incrédula. Y Furia ciega va sobrada de ese tipo de cosas.


Para empezar, Nicolas. Vuelve con ese aire sombrío y con otra interpretación basada en entrecerrar los ojos (una más). Vuelve con otro peinado imposible que sólo puede lucir él. Se embarca en otra mierda de dimensiones bíblicas con el objetivo doble de llenarse los bolsillos y proporcionarnos una sesión de cine superficial, inverosímil, ridículo en ocasiones, excesivo casi siempre y muy, muy divertido. Interpreta a un tipo que se escapa del infierno (se llama John Milton, guiño cultureta que supone un chiste más…) para perseguir a una banda de satánicos. La cosa promete.


Cada tiroteo es una orgía de sangre, miembros mutilados, cabezas reventadas (joder, parezco Zamora…) y poses chulas del señor Cage empuñando varias armas. Las persecuciones son más flojas (que tú fuiste \’Memphis\’ Raines tío…), pero lo compensa con algunos diálogos antológicos: es imposible ser más tópico, más previsible y, sin embargo, funciona. Te ríes, le haces un guiño a la pantalla y disparas con tu dedo mientras piensas "sí tío, lo he pillado".


Por supuesto, también hay espacio para la chica guapa que acompaña al héroe, para las tías buenas que salen desnudas y envueltas en las más delirantes situaciones, para la celebración de un culto satánico burdo como él solo y para policías idiotas comandados por un paleto que cuando dice disparar a las ruedas quiere decir "disparar a la cabeza" (guiño guiño). Para lo que no hay sitio (ni falta que hace) es para un guión articulado, para un desarrollo planificado o para un guión que haya pasado de la fase de borrador. Todo se reduce al ritmo y a apabullar al espectador con acción y con cutrez en cantidades industriales.


Mención especial merece lo que más me ha gustado de la peli: el personaje del Contable. El ayudante de Satán, un elegante y lenguaraz individuo que contrasta con el lacónico y atormentado protagonista. Un tipo que se hace simpático por lo gracioso que es mientras actúa como el cabrón que verdaderamente es. Para recordar su escena conduciendo un camión que transporta gasolina…


En definitiva, un desmadre como es debido, que da lo que promete, sin exigir nada a cambio.

publicado por Jose María Galindo Pérez el 6 abril, 2011

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