Mix fallido. Puede agradar a la gente que busque un rato de entretenimiento sin más. Pero defraudará a todos aquellos que busquen un \””algo más\””.

★★☆☆☆ Mediocre

Codigo fuente (source code)

Vuelvo de ver Código Fuente, la película que se estrenará el 15 de abril, y pienso que no sé qué es lo que ha querido contar el director (Duncan Jones, aclamado por Moon, yo ni la he visto…). Hay elementos de ciencia-ficción (todo el tinglado del programa médico-informático que permite vivir los últimos ocho minutos de vida de un muerto), de drama romántico (todas las vicisitudes que experimenta el protagonista con su partenaire femenina), un poquito de vena patriótica (ese diálogo que dice algo así como "Ya tenemos un arma efectiva contra la Guerra contra el Terror", no me jodas…), conflicto paterno-filial, dilemas morales variados y un final de esos abiertos que te hace pensar si lo que has visto antes encaja o es un timo de guión como la copa de un pino.
Como puede verse, demasiadas cosas para una hora y media.

Ese batiburrillo convierte a Código Fuente en un intento constante de profundizar en alguno de los aspectos que propone. La pena es que cada uno de sus constantes intentos se traducen en continuos fracasos. Y es una lástima, porque hay rasgos de cine interesante, hay interpretaciones correctas, hay una buena graduación del suspense, hay una realización sólida y hay un manejo eficaz de los efectos especiales. ¿Qué pasa entonces? Que, al parecer, al director le parece poco contar una sola de las historias.


Código Fuente podría haber sido una película de acción muy digna (de hecho, no deja de ser entretenida), pero lo estropea con la introducción de subtramas que no aportan, dispersan. Quizá habría conseguido ser una interesante reflexión distópica, pero prima la acción sobre la contemplación. O podría haberse salido por la tangente y haber elegido la senda de Bill Murray en Atrapado en el tiempo y describir una seducción temporalmente dislocada con bombas de por medio (ese papel lo bordaría Bruce Willis, si llegara a existir). Pero intenta ser un poco de cada y acaba siendo absolutamente nada.


Esta película es un ejemplo paradigmático de lo importante que es la definición del proyecto. Hay que ser muy bueno o tener mucha suerte (o las dos en muchos casos) para poder aunar en un mismo continente contenidos muy diversos entre sí. Y al tal Duncan Jones el asunto, por ahora, le viene grande.


Puede agradar a la gente que busque un rato de entretenimiento sin más. Pero defraudará a todos aquellos que busquen un "algo más". Ese es el gran problema de las películas que se quedan a mitad de camino, en ese peligroso terreno que es la indefinición. El lunes volvemos con el pase prensa de Crebinsky

publicado por Jose María Galindo Pérez el 1 abril, 2011

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