Vuelve el Torrente de siempre en una nueva aventura situada a medio camino entre su segunda y tercera entrega.

★★☆☆☆ Mediocre

Torrente 4- crisis letal (torrente 4- crisis letal)

José Luis Torrente es, a día de hoy y le pese a quien le pese, el personaje más popular de todos los tiempos dentro de la cinematografía española. Soy consciente de que a muchos no les gustará leerlo, pero no por ello deja de ser menos cierto. Lo cual viene a significar que Santiago Segura es muy listo y sabe vender muy bien su producto (además de muchos otros productos, porque dentro de la cuarta entrega de Torrente encontramos tantos cameos como publicidad más o menos subliminal), ofreciendo al gran público lo que quiere ver y elevándolo hasta la enésima potencia. La pregunta que a continuación deberíamos hacernos es: ¿Es eso bueno para el cine español? Pues como todo en esta vida, depende. Porque: a) Si una vez finalizado el año te preocupas de la calidad y sensibilidad de la cinematografía patria, sin duda alguna tira a malo; b) Si lo que te interesa es saber si la cuota de pantalla del cine español ha llegado o no al veinte por ciento, lo cierto es que tira a bueno (porque ya les avanzo yo que los grandes taquillazos, salvo honrosas excepciones, no se consiguen a base de dramones sobre la guerra civil española donde los sentimientos contenidos y los silencios apasionados son ofrecidos a base de apabullantes claroscuros); c) Si lo que te interesa son ambos conceptos y tener una filmografía normal como la de los grandes países a nivel cinematográfico donde se combina un cine claramente comercial con un cine más arriesgado y de autor, pues al final también te acabará resultando tener entre tus estrenos anuales películas como éste Torrente 4: Lethal crisis.

El personaje interpretado por Segura no es ajeno al paso del tiempo y termina resultando ser esclavo de la época en que le toca vivir. De este modo, en la primera entrega, de finales de los ‘90, encontrábamos a Torrente metido en un barrio del extrarradio; en la segunda parte, del año 2001, viajaba hasta la lujosa Marbella para codearse (y darse codazos) con toda la jet set del lugar en plena efervescencia de la llamada burbuja inmobiliaria; y en Torrente 3, del año 2005, el personaje miraba hacia Europa, cubriendo las espaldas a una reputada eurodiputada metida en problemas (los que le provocaba el hecho de que le asignaran a Torrente para protegerla, naturalmente). Así pues, esta cuarta aventura del personaje no podía pasar por alto la crisis galopante que afecta a todo el país.

Y es que corren malos tiempos para nuestro anti-heroe, caído en desgracia (más todavía) después de un trabajito como segurata que no acabó de salir del todo redondo. Así pues, sin trabajo, ni ingresos de ningún tipo, viéndose obligado a realquilar las habitaciones de su propia casa a inmigrantes sin papeles, le tocará ir sobreviviendo como buenamente pueda, trapicheando de aquí y de allá, llegando incluso a tener que comer en albergues sociales. Con lo que ha sido este hombre y con todo lo que a llegado a hacer por su país. Una tragedia, vamos. Pues en estas estamos que un tipo misterioso le ofrecerá a Torrente la peligrosa misión de cargarse a un hombre a cambio de una cuantiosa suma de dinero. Corren tiempos difíciles para tener moral, remilgos ni chorradas varias, así pues el ex-policía terminará aceptando el trabajo, aunque acabará resultando ser una trampa. Ante tal argumento uno no puede evitar preguntarse: ¿Es Torrente el "Machete" español?.

Obviamente, y no podría ser de otra manera por mucho que lleven tiempo amenazándonos con un remake americano, este nuevo Torrente vuelve a estar escrito, dirigido, producido y protagonizado por el amiguete Santiago Segura quien, como ya ocurriera con sus cortometrajes (Evilio), parece empeñado en alargar la vida de sus personajes hasta la saciedad. En esta ocasión ha rodado la película en 3-D y con la tecnología de James Cameron nada menos, aunque el resultado es tirando a pobre y salvo algún buen plano (cómo el del hueco de la escalera de su bloque de pisos) y el empeño ocasional de arrojar guarradas a la cámara no acaba de sacarle todo el partido esperado y no merece la pena gastarse el dinerito extra que cuesta la entrada, que es de lo que se trata al fin y al cabo, por mucho que Segura haya declarado que el motivo era el de cumplir un reto personal. De hecho, si lo que busca son retos personales, que tal este: dirigir una película sin el apellido “Torrente” en el título. Para interpretar a su compañero de aventuras, Santiago Segura ha contado siempre con grandes nombres como los de Javier Cámara, Gabino Diego o José Mota. En esta ocasión simplemente ha contado con Kiko Rivera. Pero no voy a criticar su elección, nada de eso, porque no se que tal interpretaría Paquirrin a Leon Tolstoi en un posible remake, pero lo cierto es que para el papel de tonto del culo que Segura le ha preparado, lo clava. Junto a él el espectador podrá encontrar a un montón de caras conocidas para regocijo general.

Torrente 4: Lethal crisis es inferior al primer Torrente, el brazo tonto de la ley y está a años luz de Torrente 2: Misión en Marbella, pero, no obstante, resulta bastante superior a Torrente 3: El protector. La película, tras su prólogo inicial, se muestra pasmosamente incapaz de avanzar hacia una trama mínimamente coherente limitándose a mostrarnos al personaje en su hacer cotidiano, a la vez que se van intercalando algún que otro gag con la única excusa de mostrarnos un sinfín inacabable de cameos de rostros más o menos conocidos por el gran público aunque en su mayoría forzados y sin demasiado sentido (como esa aparición de una Ana Obregón que mantiene un diálogo con Torrente, plano contra plano, pero que en ningún momento aparecen juntos en la escena). Cuando por fin consigue arrancar la trama de la película la cosa mejora algunos puntos, con un José Luis Torrente que, eso si, sigue siendo el mismo de siempre, rodeado de los más variopintos personajes secundarios que puedan encontrar (lo mejor de cada casa, vamos). Por lo demás, siguen los cameos, la casquería fina, algún buen gag, alguna broma de altura y alguna que otra escena que hubiera firmado el mismísimo Sacha Baron Cohen. Bien en general, pocas sorpresas, aunque confieso que en algún momento del metraje todo el conjunto se me hizo un poco plomizo.

publicado por Jefe Dreyfus el 23 marzo, 2011

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