Una historia de amistades y de dramas, con sitio para la nostalgia, en la que destaca las interpretaciones y, por encima de todo, la gran dirección de Kenneth Branagh

★★★★☆ Muy Buena

"Hay amigos que sabes que son para toda la vida (…)". Así empieza Los amigos de Peter, de Kenneth Branagh, una película nostálgica y simpática y muy bien dirigida cuya frase inicial refleja perfectamente lo que el ser humano debería de saber y lo que el espectador se encontrará en esta historia de seis amigos estudiantes que forman un grupo de teatro cuya última actuación juntos es en la Nochevieja de 1982 y que, a raíz de graduarse en la universidad, no se volverán a ver hasta la Nochevieja de 1992, debido a la invitación a la mansión de uno de ellos, Peter (Stephen Fry), al que recientemente se le ha muerto el padre. En las letras de crédito iniciales vemos imágenes de sucesos importantes y de personajes que tuvieron algo que ver en aquella década, y varias de las canciones que aparecen en la película (la mayoría de ellas en la primera mitad) nos hacen volver a los años 80, como Everybody Wants To Rule The World, de Tears For Fears, Don’t get me wrong, de The Pretenders, o Girls just wanna have fun, de Cindy Lauper, todas ellas bien escogidas y que fueron temas muy escuchados en aquellos años.

Y como ocurre en este tipo de historias, no es novedad (y es lo que el espectador suele esperar) que en el reencuentro surjan los problemas que tiene cada uno de los personajes y que las relaciones entre las parejas no pasen por su mejor momento, algo que en este caso se une además que se cae en lo tópico de querer dar más detalles de los debidos de algún personaje o de alguna situación dramática. Aún así, Branagh logra enfocar y rodar cada escena según lo que quiere resaltar, ayudando a que el espectador se sienta lo más cómodo posible e interesado por la historia. A todo esto, hay que comentar la gran interpretación de los actores destacando, aparte de Brannagh, a Emma Thompson (ex-pareja de Branagh y que ya había aparecido en su ópera prima, Enrique V, de 1989, y en Morir todavía, de 1991), Hugh Laurie (que trabajó desde finales de los 80 y hasta mediados de los 90 con Stephen Fry en las series británicas A bit of Fry and Laurie y Jeeves and Wooster, esta última basada en las historias del escritor P.G.Wodehouse) o Imelda Staunton (en uno de sus primeros papeles en el cine, volviendo a trabajar con Brannagh y Thompson en Mucho ruido y pocas nueces, de 1993).

Pero hay que dejar claro que aunque el argumento de esta historia no es muy original, lo que hace que esta película tenga algo especial es la calidad de los actores y, sobre todo, la dirección escogida por Branagh. Hay una gran cantidad de escenas rodadas con un solo plano y ejecutadas extraordinariamente. La misma escena inicial es brillante, en la que vemos a todos ellos haciendo una especie de cabaret en la casa del padre de Peter ante un público aburrido y soso, con una puesta en escena perfecta y en la que la cámara empieza en un primer plano del rostro de Hugh Laurie para seguir en el de los demás y acabar después todos ellos en la cocina y hablar de lo desastroso que ha sido y en la que terminan haciéndose una foto de despedida para dar paso a las letras de crédito. Luego, en el momento en que llegan a la mansión y se van saludando y abrazando, Branagh también tiene muy bien pensado cómo tiene que moverse la cámara y cómo tienen que situarse los personajes. También en la escena con Hugh Laurie y su pareja ficticia Imelda Staunton, en la que con un zoom lento la cámara se va acercando para resaltar el terrible drama del que están discutiendo. O casi al final, en la escena con más carga emocional de la película y con el plano más largo, en la que se desatan algunas iras y aparece algún nuevo secreto. En definitiva, que Branagh seguía su buen hacer en la dirección, como ya había empezado a demostrar en Enrique V y como lo ha seguido haciendo durante años, aunque en esta última década no haya obtenido muy buenas críticas con sus trabajos, y ya veremos cuál será el resultado de Thor, un proyecto difícil y, en mi opinión, sorprendente dentro de su filmografía.
Lo mejor: las interpretaciones y la dirección de Kenneth Branagh
Lo peor: dar más detalles de los debidos de algún personaje o de alguna situación dramática
publicado por elprimerhombre el 23 enero, 2011

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