La única novedad son las localizaciones, hermosos lugares donde aparecen y desaparecen nuestros aprendices de magos. Pues en esta entrega, Hogwarts desaparece como lugar de la acción.
En ciertos momentos, el argumento me ha recordado a El señor de los anillos, en el hecho de que tenían que transportar una cosa, con el fin de destruirla, pero el portador de tal cosa era dominado por las fuerzas oscuras, o bien, transformaba su carácter.
Aun así consigue entretener las casi dos horas y media que dura, e incluso se te llega a hacer corta, esperando más.
Lo mejor: La fotografía
