Un fiel reflejo de la situación del parado, carente de ritmo, entretenimiento y con una frialdad extrema.

★★☆☆☆ Mediocre

Los Lunes al Sol nos cuenta la historia de un grupo de parados, que cada día se reúnen en el bar de siempre para hablar de lo de siempre: su triste situación tras el cierre del astillero en Galicia, que les ha hundido en la miseria, pues no saben hacer otra cosa y no encuentran otro empleo. Aquí nos encontramos a tres personajes principales, con Javier Bardem a la cabeza, escudado por unos geniales Luis Tosar y Joaquín Climent, que viven sus infiernos personales, el primero por sus problemas económicos, con el alcohol y su esposa, y el segundo por sentirse abrumado al enfrentarse a los jóvenes que buscan trabajo frente a él. Este tridente actoral es inmenso y nos brinda lo mejor del filme, pero el resto resulta tedioso y odioso a partes iguales, ya que es imposible que tantas desgracias se junten en las mismas personas, algo que León de Aranoa, ese perroflauta con ganas de concienciar al país, nos pone en bandeja, maltratando a unos personajes a los que coges cariño, pero que no salen de una para meterse en otro aún mayor.

Bardem nos regala una actuación soberbia, al igual que el resto de intérpretes, como Enrique Villén, que siempre está bien, pero esas actuaciones se pierden en un mar de situaciones catastróficas, que han de sufrir unos personajes que al final acaban cansando, por culpa de un guión que pretende explotar la condición social de un cine, del cual el director es pregonero, pero que ha acabado por irritar, como se ha visto con Princesas y Amador, su más reciente estreno en cines.

Como bien decía Hitchcoch, el cine no es un trozo de vida, sino una porción de pastel, y esto es algo que el director y guionista no comprende. Se puede intentar denunciar un hecho, una injusticia, pero también se puede tratar al espectador como una persona que entra en la oscuridad de la sala para evadirse de sus propios problemas personales, no para sumergirse con los de otros. No es la forma en la que León de Aranoa intenta lograrlo. De ahí que la película se alargue en exceso, al pensar cómo les puede ir peor a los protagonistas de la historia. Y es que se nos ofrece una historia rutinaria, cada día en la vida de estos hombres es igual, pero se nos da sin aliciente. Los actores lo hacen todo, pero si no eres amigo del cine social, tan extendido en España desde los últimos años, apaga y vámonos.

Más bien se trató de un título oportunista, que ganó muchos premios y recibió entusiastas críticas, pero que en poco ayudó a los verdaderos perjudicados por los cierres de los astilleros. La realización plana y densa tampoco colabora mucho, y menos cierta historia de amor entre Bardem y la hija del dueño del bar, cogida por los pelos y que no aporta nada al aburrido conjunto.

publicado por Mario Parra Barba el 7 enero, 2011

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