Una alabada película cuyo protagonista es el rey tartamudo Jorge VI, de la que sin embargo solo destacan las escenas de sus discursos, siendo todo lo demás bastante aburrido

★★☆☆☆ Mediocre

Ya se empiezan a rumorear las posibles nominaciones de los Oscar que serán anunciadas el próximo 25 de enero. Las meras suposiciones se basan exclusivamente en la gala considerada como el preludio de lo que son los premios de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood: los Globos de oro, cuya edición número 68 se llevará a cabo el próximo 16 de enero. La recién estrenada El discurso del rey (2010) es la gran favorita a ganar varios Globos de Oro ya que tiene siete candidaturas: la de Mejor Película de Drama, Mejor Director (Tom Hooper), Mejor Actor de Drama (Colin Firth), Guión (David Seidler), Banda Sonora (Alexandre Desplat), Actor Secundario (Geoffrey Rush) y Actriz Secundaria (Helena Bonham Carter). Pero no sólo opta a estos galardones sino que ya ha recibido otros, como el Premio del Público a la Mejor Película en el Festival de Toronto.

Y si repasamos anteriores trabajos de actores que han interpretado papeles relacionados con la monarquía británica, veremos que alguno de ellos fueron premiados con un Oscar o un Globo de oro, como es el caso de Helen Mirren, premiada con ambos galardones por su papel de Isabel II en The Queen (2006); o Cate Blanchett que ganó el Globo de Oro en su papel de Isabel I en Elizabeth (1998). Ahora quizás le toque el turno a Colin Firth en su papel del duque de York, cuyo tartamudeo le resulta una carga enorme a la hora de dar sus discursos por radio o en público. De ahí que su mujer, interpretada por Helena Bonham Carter, le busque a alguien que le ayude a hablar y leer perfectamente, encontrando a un tal Lionel Logue, encarnado por Geoffrey Rush (que también aparecía en la mencionada película Elizabeth), que intentará, con sus recursos poco ortodoxos, lograr que el duque llegue a vocalizar correctamente. La dura prueba vendrá después de la muerte de su padre, el rey Jorge V (Michael Gambon), y de la abdicación de su hermano, Eduardo VIII (Guy Pearce), porque se verá obligado a reinar, algo que para él será un gran reto.

Basada en el caso real de Jorge VI, rey del Reino Unido (1936-1952), que fue tartamudo desde niño, la película está bien dirigida por Tom Hooper, quien sabe enmarcar sus historias en una época concreta, como ya hizo en la serie para televisión, Elizabeth I (2005), premiada con el Emmy y con la mencionada Helen Mirren como protagonista; o en su multipremiada miniserie televisiva John Adams (2008), centrándose en el segundo Presidente de los Estados Unidos de América. Sin embargo, yendo en controversia con las buenas críticas que ha cosechado esta película, he de decir que los únicos momentos realmente emotivos o atrayentes, son ciertamente los discursos muy bien planteados por el director. Las escenas en las que el personaje de Colin Firth debe afrontar su miedo ante el posible ridículo por no saber expresarse correctamente con el habla son, con creces, casi lo único bueno de la película. Es verdad, como ya he comentado, que la dirección de Hooper es realmente eficaz y correcta, pero hasta peca de repetirse a la hora de optar casi siempre con planos en los que los personajes se quedan a un lado del encuadre, que aunque sea plásticamente bello o diferente, llega a cansar demasiado. En cambio, en las escenas en las que el duque de York, o ya siendo rey, está a punto de dar un discurso es donde vemos una mayor tensión y una lograda puesta en escena, como se puede ver perfectamente en el brillante inicio y en el gran discurso final.

Entonces, ¿qué es lo que puede atrapar al espectador en esta película? Pues salvo los mencionados discursos, poco más hay que destacar. Un servidor se aburrió en muchos momentos, sobre todo debido a las escenas entre los personajes del terapeuta y del duque, sin nada sorprendente y hasta visto en demasiadas ocasiones. El personaje de Rush es un típico planteamiento de querer hacer un personaje carismático, con sus maneras tan diferentes de motivar a sus pacientes para lograr sus cometidos. Aunque en este caso ni es tan especial ni tiene casi carisma, sumándole que el espectador ya está bastante acostumbrado a encontrarse con este tipo de personajes, y eso que el bueno de Rush intenta hacerlo lo mejor posible. Y qué decir del pobre Colin Firth, al que creo que es uno de los mejores actores actuales, que tiene la ardua tarea de implicarse en un complicado papel, aunque en muchas ocasiones estos personajes difíciles de interpretar han llamado la atención a la Academia de Hollywood. Lo más seguro es que le caiga un Globo de Oro o un Oscar, y eso que para mi gusto tenía un papel mucho más digno de admirar en Un hombre soltero (2009).

Lo mejor: las escenas de los discursos
Lo peor: Todo lo demás, exceptuando en parte la dirección
publicado por elprimerhombre el 6 enero, 2011

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