Un thriller psicológico de Darren Aronofsky (El luchador) destaca por la potente actuación de Nathalie Portman y Milla Kunis. El arte blanco como ballet nunca se vió más sombrío.
El terreno del thriller psicológico es bien complejo de armar, necesita siempre de una intriga bien entretejida, un ambiente sombrío y actuaciones convincentes para retratar la desesperación de seres sometidos a presiones que escapan de cualquier lógica y agrado. El Cisne Negro tiene por lo menos una gran interpretación de Natalie Portman, pequeña que partió siendo la musa de Luc Beeson en la mentada “Leon”, y ya lejana del estigma de ser esa niñita o la princesa en Star Wars. Al igual que en la gran cinta Clooser, el baile nuevamente le esta dando sus mejores dividendos a la artista dando vida con un cuerpo de pequeña profesional a esta bella y esforzada Nina que pertenece a una Compañia de Nueva York cuya vida está absorbida por completo por la danza y por una madre sobreprotectora que no la deja ni a sol y sombra con el objeto de que triunfe en la danza y ver su sueño cumplido. Se acerca la nueva temporada del lago de los cisnes, varias son las candidatas, Nina asume el protagónico pero su maestro no esta del todo convencidaen tanto le toque representante al cisne negro y lúdico puesto a que Nina carece de la pasión y convencimiento necesario. En los ensayos es donde comienza su calvario, es donde aparecen los fantasmas e inseguridades propias a lo que se agrega una bella compañera llamada Lily (Mila Kunis), que le mete aún más presión. Reconocimientos por “Requiem por un sueño” y el resurgimiento de Mickey Rourke con “El luchador”, trabajos anteriores de Darren Aronofsky, el director de esta cinta, parecen antecedentes más que suficientes para verla. El gran merito del realizador es introducirse y relacionar este mundo con una religión, donde las monjas son las bailarinas que profesan total entrega a la causa, con diferentes rituales antes de cada presentación y donde la madre superiora es el maestro que tiene poderes plenipotenciarios sobre el resto y que acatan sin chistar. La cámara corre por el metro y las calles persiguiendo a Nina a sus ensayos, que la acosa con primeros planos y corre con ella generando hasta mareo por momentos. La desmotivación y el descontrol en un mundo tan blanco como el ballet se tornan en cada secuencia en un relato sombrío, lleno de situaciones que rayan en lo sobrenatural pero que sin duda perturban ascendentemente cada vez que la cámara se ciñe en Portman que debe ser el trabajo con mayor aparición, con mas del 90 % de presencia en pantalla. Se nota el trabajo dedicado de la actriz enla preparación para este rol, de hecho fue tanto que en la vida real espera a un hijo de coreógrafo que es su actual pareja. Asombra cada vez que entra escena en ballet la cámara muy cerca de la acción, no hay muchos planos generales son el objeto de ver los rostros y los movimientos se noten y generan cierta invasión a un mundo que no conocemos. Pies y uñas destrozadas y un sinnúmero de lloriqueos frente al espejo son la tónica de esta realidad que nos quiere mostrar Aronofsky en tono de thriller psicológico se da a conocer y resulta gratificante pero perturbador. No se pasa bien siguiendo a Nina pero hacia el final queda la satisfacción de ver un trabajo bastante arriesgado pero que esta dentro de la mejor interpretación femenina del año, desgarradora, asfixiante y perturbadora por largos pasajes y ello basta para ser bien calificada como un buen ejercicio cinematográfico.
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