Una obra maestra que se prometía queda en cine de entretenimiento muy negro y llevado al límite pero fallido en su segunda mitad de metraje, a pesar de todo muy por encima de la media de nuestro cine sobre todo en su sobresaliente concepto visual.

★★★☆☆ Buena

¿Triangulo amoroso? ¿bélico? ¿terror? ¿drama? ¿comedia? La pregunta definitiva sería ¿A qué género pertenece Balada Triste De Trompeta? Pues a todos ellos, se le puede añadir documental histórico y por supuesto cine de acción. Alex De La Iglesia que últimamente se adormecía en un academismo en por ejemplo Los crímenes de Ozford, obviando sus comienzos de trazo grueso con referencias al comic más grotesco ofrecidos en sus mejores obras. Los que encuadran Acción Mutante o el Día de la bestia.

Ese director de antaño vuelve por sus fueros echando mano de nuevo a Santiago segura, aunque sus dos protagonistas son el Chanante Carlos Areces que conserva ciertos tics de sus composiciones en la popular serie de humor y el siempre genial Antonio De La Torre que saltara a la estratosfera con su trabajo en Gordos. Para la ocasión se embute en otra importante transformación Física y psíquica.

Ambos intérpretes aprueban con nota, al igual que todo el estilismo técnico del filme. Destacando los escenarios, vestuario, fotografía, Banda Sonora, Maquillaje o efectos especiales. Un primer tercio realmente maravilloso, los títulos de crédito principales son de una belleza plástica pocas veces vista se adhieren al enésimo relato de la guerra civil española. Inconmensurable la representación humorística/ Dramática con Segura convertido en Rambo Spanish. El hijo desvalido que vive en primera persona la miseria de una época relatada con dosis Tarantinas. Supongo que ello tiene que ver en que el americano amará el filme. Su acercamiento a malditos Bastardos y en general al universo del realizador norteamericano se hace palpable de principio a fin, pasando por Hitchcock en una parte final que intenta emular con la muerte en los talones, tampoco podemos despreciar el componente terrorífico con la figura maquiavélica del payaso, que tanto partido se le ha sacado a lo largo de la historia cinematográfica en It o Gacy entre tantos ejemplos.

Con todos estos apuntes, además de una violencia descerebrada marca de la casa, humor pasado de vueltas. Nos hace pensar en su primer tercio que huele a obra maestra inmediata de nuestro necesitado cine español. No le falta un buen par de pelotas hablando en lenguaje coloquial, ni mucho menos se le puede negar al vasco que en esta ocasión si se atreva a arriesgar. Lo malo que una vez sentadas las bases, el personaje principal de payaso triste entra a formar parte del circo donde su estrella el payaso alegre es en realidad un maltratador egocéntrico que hace sonreír a los niños para a continuación emborracharse y apalizar a su pareja sentimental, una bella trapecista. Supongo que ya se adivina conflicto amoroso que desemboca en la transformación del débil Javier en una especie de Robocop que no dudará en enfrentarse contra su jefe cirquense en un duelo de sangriento que les lleva al infierno. Es entonces cuando todo lo interesante planteado anteriormente se derrumba en la enésima revisión de triángulo sexual. El personaje de Areces explota de forma poco convincente, dejando de lado el perfil que se planificaba en el primer tercio. Algunos personajes no se entienden su razón de ser. El tipo de la moto está bien para un gag, pero repetirlo sucesivamente en todo el metraje no tiene sentido. Lo que sigue son comportamientos esquizofrénicos sin ninguna cohesión, un final interminable que se soluciona artificiosamente. Una obra maestra que se prometía queda en cine de entretenimiento muy negro y llevado al límite pero fallido en su segunda mitad de metraje, a pesar de todo muy por encima de la media de nuestro cine sobre todo en su sobresaliente concepto visual.

Lo mejor: Un primer tercio maravilloso. Su conjunto técnico sobresaliente.
Lo peor: Una parte final imposible.
publicado por Andrés Pons el 18 diciembre, 2010

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