Tres minutos espeluznantes, 3 minutos impactantes, 3 minutos de magia cinematográfica con todos los ingredientes para una gran thriller de ciencia ficción…Así se acaba esta historia…A partir de entonces, sólo abriremos la boca para bostezar.

★☆☆☆☆ Pésima

Tres minutos espeluznantes, 3 minutos impactantes, 3 minutos de magia cinematográfica con todos los ingredientes para una gran thriller de ciencia ficción: con esa brillante luminosidad azul que deja a los espectadores boquiabiertos ante lo desconocido, ante lo inesperado… Así se acaba esta historia, una película que mantiene la tensión en esos tres primeros minutos con la boca abierta hasta que salen los créditos. A partir de entonces, sólo abriremos la boca para bostezar.

A ese impactante inicio de esos rayos de azul intenso (que nos recuerdan a la entrañable película de Starman, dirigida por John Carpentier  en 1984), le siguen unos 25 minutos de absurda  y aburrida presentación de unos personajes que no acaban de importar a nadie. Esos mismos personajes vagamente desarrollados, en los que el espectador no sólo no acaba viéndose reflejado en ningún momento sino que en ocasiones parece que acaba encontrando más ganas de ver como el enemigo acaba con ellos para encontrar algún tipo de divertimento. Estos personajes tan despegados de la realidad resultan sosos, sin ideas y pegajosamente aburridos, por lo que nos llevan hasta un punto de hastío insondable en el que estamos buscando continuamente la manera de que los encierren, atrapen, persigan o les enciendan alguna luz que despierte la sangre en sus venas. Ese primer cuarto tras los créditos apunta maneras para convertirse en el grandísimo bodrio de largometraje de ciencia ficción que una hora y algo después acabaremos constatando.  

A partir de entonces la trama se vuelve algo emocionante… más bien poco; pero unos bichos grandotes que irrumpen en escena como salidos de las antiguas pelis de Serie B (una especie de Godzillas espaciales venidos de otro planeta con lucecitas azules) trataran de destruir  todo lo que pillen cerca acechando los apartamentos en los que se encuentran nuestros surrealistas protagonistas. La aparición de estos seres al menos incluye algo de dramatismo cómico al asunto, por el interés que pudiera suscitar la forma de cargarse todo lo que encuentren a su paso, o al menos el poder disfrutar del típico desenlace triunfante de la humanidad ante el invasor extraterrestre. Pero nada, ni una cosa ni la otra, salvo ligeras pizcas que pueden salvarse: como esa escena que rememora de una manera muy cutre a la versión protagonizada por Tom Cruise de la Guerra de los Mundos en la que se esconden en un sótano de uno de esos terribles ojos mecánicos. 

Pero este plomazo, no sólo bebe de las fuentes de Starman y de La Guerra de Los Mundos, sino que nos representa a estos bichos de una forma extrañamente similar a la de los míticos robots del Mundo Virtual de Matrix, con sus tentaculillos, su forma de utilizar los cerebros humanos como alimento y sus ojillos azules.  ¡Dios Santo! Pero ¿Qué estoy diciendo?, ¿Cómo puedo tratar de comparar al “Súmmum” de la Cienca ficción moderna con estos engendros de cartón piedra que no son capaces ni de amedrentar al personaje más realista de todo el film (está claro que me refiero al chiguagua  que acompaña al anciano de los apartamentos). Si Neo y Morpheo levantaran la cabeza no se apiadarían de mis comentarios.

Otro de los parecidos razonables, que podría haberle insuflado algo de ritmo a la trama, es la aparición del ejército de los Estados Unidos mediante esos avioncitos de papel maché que revolotean alrededor de esa especie de inmensa nave nodriza. ¿No os recuerdan estas escenas a las clásicas de Independence Day? ¿Y esas grandiosas naves estáticas de las que no paran de salir navecillas enfurecidas como si fueran mariposillas cabreadas, no se asemejan a las maravillosas de  la magistral “V –los Visitantes-“, a las Naves Imperiales de la fabulosa  Star Wars, o incluso a la más reciente y original versión del apartheid de la extraña “District 9”? En fin, acabo de cometer otras tantas aberraciones comparativas, pero es que es posible que en algunos somnolientos momentos de la película estuviera haciendo memoria de esos grandes regalos que la Cienca Ficción ha dejado en la historia del Cine.

En honor a la verdad debo decir que los efectos especiales no son tan malos como se pinta y resultan muy vistosos y de grandísima calidad en cantidad de escenas, pero me parece un insulto que en estas épocas de crisis económicas algunos señores se gasten un dineral en crear una serie de espectaculares escenas que no tienen ninguna historia asociada por la que merezca la pena perder dos horas de vida cuando podrían haberse quedado en el magnífico, prometedor y engañoso tráiler de la cinta. 

¿Por qué nos torturan durante 92 minutos casi infumables, cuando podríamos haber seguido soñando con los dos minutos y medio de un tráiler impactante? ¿Para qué crear expectativas a los amantes de un género tan costoso que suele venir a cuentagotas a las carteleras? ¿Por qué resulta imposible la simbiosis con estos personajes tan aplatanados? ¿Dónde está ese gran discurso patriótico a la raza humana de este tipo de películas? ¿Por qué se sustituye al presidente de los Estados Unidos, a un héroe carismático, a un científico extraordinario o a un maestro Jedi…etc, a la hora de comandar la acción por un  rechoncho y molesto portero de edificio?   

Perdonen mi crueldad con este film, pero los hermanos Strause han demostrado que tienen talento para deleitarnos con algo especial a los amantes del género de la ciencia ficción. Y sí, nos apasionan los efectos especiales a la hora de imaginar nuevos mundos, criaturas inverosímiles y batallas intergalácticas… pero Señores: también queremos que nos cuenten una historia.

Definitivamente creo que esta película tendría más puntuación en el género de la Comedia Grotesca que en la de la Ciencia Ficción, menos mal que esta vez en el cine sólo fueron 4 euros.

Lo mejor: Los efectos especiales
Lo peor: ¿y la historia? ¿Y los personajes? Que no lo hayan calificado como Comedia de Series B.
publicado por David Yagüe Cabezas el 11 diciembre, 2010

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