En la cinta del director chileno Pablo Larrain(Tony Manero), retrata una época gris con personajes infelices y silentes rodada con una impávida cámara.

★★★☆☆ Buena

  Lo primero que me quedo dando vuelta al ver este film chileno es que le habrán dicho a este director su padre, actual senador y su madre ministra de estado, ambos ligados a la derecha chilena, después de presenciar su trabajo que por momentos se asemeja al nefasto genocidio alemán. “Post mortem”, es una cinta muy bien recibida en el último Festival de Venecia, donde compitió dignamente, y que de paso remece una de las heridas aún tan latentes generadas por descontento social y el golpe de estado  ocurrido casi cuarenta años. El cine y la política en Chile siempre tendrán directores dispuestos a usar esta inagotable y mentada coyuntura como telón de fondo con grandes historias humanas rescatables como ocurrió con la excelente cinta, “La frontera” de Ricardo Larrain; “Isla Dawson”, “Amnesia o “Machuca” de Andrés Wood. El director que ya esbozo cierta atracción por uno de los periodos mas grises del país, con su anterior “Tony Manero”, reincide con esta película que básicamente es una historia de amor en tiempos de guerra, con una quieta cámara donde los actores entran y salen de un cuadro que asemeja a una pintura con pulso u obra teatral.  Este deprimente y asertivo lenguaje visual utilizado por Larrain cuenta con el inestimable actuación Alfredo Castro, quien hace el papel del aterrador y sobrio, Mario Cornejo, un transcriptor de las autopsias del  servicio médico legal donde asiste al impactante llegada de cadáveres que se amontonan posterior al golpe de Estado.Mario, es un tipo solitario, no parece llamarle especialmente la atención o importarle la cantidad de cadáveres que están llegando, esta más preocupado por la propuesta de amor  no contestada que le ha hecho a su vecina Nancy (Antonia Zegers),  una bailarina de cabaret ligada a la izquierda chilena que le obsesiona. Ella también es victima de la represión y Mario, que sufre de enajenación mental y carencias afectivas, prontamente recibe el grado de trabajador del ejército de Chile que coloca a la pareja en veredas opuestas, aún así tratará de ayudarla por el incondicional amor.  En el trabajo de Larrain hay un dejo de autocomplacencia en el leguaje utilizado que es poco frecuente en nuestro país acostumbrado a ver cine cargado a los gags o mostrar harta piel. Hay un cierto  alarde técnico que puede provocar rechazo, denotado en secuencias extensas como cuando el protagonista maneja su Fiat 600 o llega a su casa o el trabajo con largos, y a veces tediosos planos secuencia de seguro no gustarán a la masa. Además esta rodada a la usanza europea, con una serenidad y fijación en los detalles que solamente será entendida por un público más acostumbrado a este tipo de cine, con inicios y finales inciertos, donde la historia se va construyendo lentamente, con escasos diálogos y un gran dejo de melancolía y tristeza que deambula por todo el metraje, tal como la época. El trabajo de los actores es impecable así como el director de fotografía y dirección artística,  que retratan muy bien una época deslavada, lo que se comunica magistralmente. fuerte la autopsia del malogrado presidente Allende.
publicado por David Lizana el 1 diciembre, 2010

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