Una muy simpática y funcional película que pone un toque de humor, con la presencia de Woody Allen, a la hora de exponer los momentos duros que tuvieron que pasar los que sufrieron la lista negra perpetrada por Joseph McCarthy

★★★★☆ Muy Buena

En el comienzo de la Guerra Fría se produjo un hecho conocido como "caza de brujas" que consistió en una persecución organizada por el senador Joseph McCarthy dirigida a personas que consideraban afiliadas al Comunismo. Las investigaciones se llevaron a cabo por parte del Comité de Actividades Antiamericanas con la intención de que América fuera lo más pura posible, apuntando a los sospechosos en una lista negra. Este hecho hizo que en Hollywood muchos trabajadores de la industria del cine y de la televisión se quedaran sin trabajo si no colaboraban o, en el caso de los guionistas, que tuvieran que cambiar de nombre para conseguirlo. Esto se puede ver en el excelente documental que ya comenté, Trumbo y la lista negra (2007), o en la película que en este momento pertoca, la comprometida y muy bien resuelta La tapadera (1977), de Martin Ritt, un director norteamericano que también fue apuntado en la lista negra, igual que el mismo guionista Walter Bernstein, y algunos actores de la película como Zero Mostel, Herschel Bernardi, Lloyd Gough y Joshua Shelley.

El protagonista absoluto de la película es Woody Allen, cuyo nombre aparece en las letras de crédito antes que el título del film, producido por el mismo Martin Ritt y por los productores de casi todas las películas de Allen, Jack Rollins y Charles H. Joffe. Allen es Howard Prince, un cajero de un bar que un día recibe en el local una visita de un amigo suyo y guionista de televisión, Alfred Miller (Michael Murphy, que trabajó con Allen tres años después en Manhattan), que le comenta que no ya no le ofrecen ningún trabajo porque le han apuntado en la lista negra. Necesita otro nombre, o más bien, otra persona que se haga pasar por él como guionista, por eso le pide ese favor a Howard, que acepta ofreciéndole Alfred el diez por ciento de lo que gane en cada guión que realice. Howard se suele gastar lo que gana en su trabajo en apuestas, debiendo dinero a un frutero interpretado por Danny Aiello (más que un papel parece un cameo por lo poco que aparece), y pidiéndoselo a un hermano suyo. Pero poco después, Florence Barrett (Andrea Marcovicci), que es la asesora de guiones de una cadena de televisión, se fija en su talento y el productor (Herschel Bernardi) le contratará para el guión de un programa. Todos se sorprenden de no haber oído nada de él anteriormente dada la calidad de lo escrito, a lo que Howard responde que hace poco que se puso a escribir. Aún así, volverá a pedir dinero a su hermano.

Con estas intenciones está claro que el personaje de Allen es el punto humorístico de la historia, ya que el trasfondo es bastante dramático. En algunas escenas se potencia la comedia con la interpretación de Allen, metiéndose en algún lío que otro, como cuando debe cambiar rápidamente una escena del guión en el mismo estudio debido a la urgencia del tiempo, sin poder salir de allí como lo intenta por todos los medios; o con la relación que empieza con Florence, nacida de la atracción que siente ella por la manera de escribir de él, sobre todo por conocer tan bien a las mujeres según sus textos. Algo que hará que Howard vaya a una librería a pedir varios clásicos de la literatura para empezar a introducirse en un campo totalmente desconocido para él. Y para ganar más dinero, aunque él dice que es por hacer un favor, le comentará a Alfred si no hay más tipos que conozca que también estén apuntados en la lista negra, sumándose de esta manera dos guionistas más en su labor de tapadera. Aunque la cosa se le complicará, sin que él lo sepa, cuando Hecky Brown (Zero Mostel) sea despedido de la cadena por ser miembro del Partido Comunista y al que quizás le vuelvan a dar una oportunidad si investiga a Howard, que es un buen amigo suyo, con la tarea de averiguar si encuentra algo que les interese para llevarle a testificar si hace falta.

Después de las letras de crédito, ya se puede intuir que el guión de Walter Bernstein irá dirigido a hacer una crítica de forma sarcástica hacia ese período de tiempo, con unas primeras imágenes de historia de allá por los años 50, tanto de guerras como de modelos en bikini, o de Marilyn Monroe y del mismo Rocky Marciano, escuchando de fondo la bella canción Young Heart, de Frank Sinatra. Destaca la buena dirección durante toda la película de Martin Ritt que realiza muy correctamente todas las escenas, resaltando en general el buen ritmo de la historia, aunque en algún momento pueda parecer que se ralentice un poco, pero es debido por las exigencias del guión. Y todos los actores que aparecen hacen una buena interpretación, pero sobre todo Zero Mostel, que murió un año después del estreno de esta película.

Lo mejor: La dirección de Martin Ritt y lo bien llevada que está la historia
Lo peor: la lista negra
publicado por elprimerhombre el 23 noviembre, 2010

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