Es el inicio del fin para la saga más famosa de la década. Ninguna otra cinta de la serie habia sido capaz de transmitir el peligro que acecha constantemente a nuestros héroes, ni los miedos y sentimientos tan restringidos hasta ahora por la falta de tiempo para agregar la inmensidad de detalles que tienen los libros. Es ahora cuando los jóvenes protagonistas son puestos a prueba y deben de llevar la película a cuestas. Ya no más Dumbledore  o maestros esporádicos del momento para acaparar reflectores, es hoy cuando vemos en sus ojos el miedo a un mundo de magia empecinado en asesinarlos.

Desde los primeros minutos dejamos atrás el formato establecido y vemos una escena con Voldemort y sus ecuaces planeado la muerte de Harry. Como todo en la vida, no será le será fácil, y al igual que el trio de amigos , él también debera de ír en busca del objeto requerido para su destrucción. ¡Y que escena! Ya no más juegos, esta vez van los villanos con todo.

Tampoco  hay tiempo para explicaciones, ni para iletrados de la centena de eventos que hemos sido testigos. Los personajes,l ocasiones y objetos fueron previamente explicados. Es por eso que se me hizo injusto un padre de familia sentenciando a su hijo de que no verían la última parte  porque está cinta no fue lo suficientemente buena. Como si le hubiera dado alguna oportunidad. Ya a estas alturas la trama no se detiene para los principiantes y esta más enfocada en satisfacer a los fanáticos, algo que muchos críticos no entienden .

Al principio tenía dudas de lo justificable que era dividir el último libro en dos partes, pero he quedado convencido que lo que le hacía falta a la serie eran los momentos intimos entre los personajes y no ír de escena tras escena llena de efectos especiales. Y no hay mejor ejemplo que durante la mitad de la cinta que para algunos les puede parecer aburrida, pero que para mí fue el momento clave en donde dejan de ser caricaturas de una historia de fantasía a ser personas con auténticos conflictos que resolver.  Es aquí donde Daniel Radcliff,  Rupert Grint  y Emma Watson nos venden la idea de verlos en futuros proyectos como actores y no como simples niños suertudos de haber sido elegidos como elenco.

El mundo se esta llendo al caño y el director David Yates nos lo recuerda en cada escena. A creado un ambiente tan deprimente que nos hace creer que Harry no tiene esperanza, si no fuera por los momentos light entre Ron y Hermione. Desde el Prisionero de Azkaban no eramos testigos de una dirección tan dinámica y visualmente encantadora. Una escena tras otra nos deleitaba con ángulos de cámara que me hacían dudar si se estaban guardando lo mejor para el final. Reconocimiento para la apropiada animación que explica los orígenes de las reliquias de la muerte, en vez de ser una salida económica visual, resulta ser una fino detalle que nos involucra más en la trama. Pero no hay que olvidar los elogios para el impresionante trabajo de fotografía por parte de  Eduardo Serra, con el uso de escenarios naturales que amplifican la soledad y desesperación que sienten Harry y sus amigos.

Es cierto que la película sufre de un desenlace no tan satisfactorio como uno quisiera. Es por eso que no logras estar del todo satisfecho y hasta la audiencia en el cine se queda perpleja cuando la pantalla se torna oscura. Lo cierto es que se logra crear una anticipación por el desenlace que impacientemente muchos de nosotros quisieramos de inmediato.

Después de seis películas a cuestas, es una lástima que hasta el final me importe lo que les sucede a este mundo mágico. No quiero decir que no me haya agradado lo anterior, tienen sus momentos, pero no con tanto impacto como lo ha hecho está cinta. Tanto que hasta un elfo los puede hacer llorar.

Lo mejor: Los personajes se vuelven humanos y no caricaturas. La ambientación, dirección y fotografía compiten con HP3 para mejores de la serie.
Lo peor: Haber recortado al menos 10 minutos de la mitad, hubiera ayudado un poco.
publicado por Cristobal Cabral el 22 noviembre, 2010

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