Las calamidades de Umay y de su familia son expuestas de una forma tan exagerada, y en tan poco metraje, que llega un momento en que el espectador es empujado a una sonrisa que nunca debería haber llegado.

★★☆☆☆ Mediocre

Die Fremde (conocida en el Festival de Sevilla por su título en inglés: “When we leave”) es un largometraje alemán, ópera prima de la actriz austríaca Feo Aladag, avalada por un premio en el último festival de Berlín.

La trama arranca con un problema de maltrato de género -un tema actual, por desgracia- y sigue con el trauma de la separación y la custodia del hijo. La historia no es nueva, pero quiere ser original cuando el hecho que denuncia la directora se desarrolla en el seno de una estricta familia musulmana:

Umay es una joven madre que se separa de Kemal, después de aguantar palizas y desprecios hacia ella y hacia su hijo. Escapa de Turquía y vuelve a casa de sus padres en Alemania. Allí se enfrenta a toda su familia, que opina, amparados en su religión, que Umay debe regresar con su marido si no serán rechazados por toda la comunidad musulmana. Umay se resiste y los problemas se van acumulando, tanto que la película pasa de ser un dramón a convertirse en una tragedia.

Reconocemos la valentía de la directora y los actores al enfrentarse, ellos también, a los fanáticos religiosos que verán esta cinta como una provocación, cuando solo quiere reivindicar los derechos fundamentales de las mujeres tan pisoteados en nombre de Dios. Sin embargo esto no es suficiente para que Die Fremde sea una buena película.

El filme falla en el aspecto técnico cuando Feo Aldalag toma decisiones equivocadas a la hora de encuadrar primeros planos y planos medios sin escorzo. Supongo que son errores propios de una primeriza y que serán subsanados en próximas cintas. Tampoco anda fina la realizadora con la trama por culpa de la saturación de elementos dramáticos. Las calamidades de Umay y de su familia son expuestas de una forma tan exagerada, y en tan poco metraje, que llega un momento en que el espectador es empujado a una sonrisa que nunca debería haber llegado.

Profundamente pesimista acerca de las soluciones al conflicto planteado, Feo Aladag se decanta por un final doble: un atisbo de esperanza seguido de un castigo. Creo que no lo merece la protagonista; ni el público. Aunque puede que sea la única forma de sacudir las mentes de los miembros -los fanáticos- de la comunidad musulmana para que despierten y se den cuenta del error que cometen.

publicado por Ethan el 11 noviembre, 2010

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