Es una película muy equilibrada en cuanto al tratamiento de las emociones que maneja.

★★★★☆ Muy Buena

Vivir para siempre (ways to live forever)

En 2008 se estrenaba Ahora o nunca en la que dos hombres antagónicos de edad avanzada, con cáncer terminal diagnosticado, deciden hacer una lista de las cosas que les quedan pendientes por hacer en la vida y llevarlas a cabo antes de morir. Ahora bien, ¿qué pasaría si en vez de ser dos personas con una vida ya hecha fueran dos chavales de doce años con toda una vida por delante quienes tienen los días contados? Este es el planteamiento de Vivir para siempre (Gustavo Ron, 2010), en la que dichos niños están gravemente enfermos de leucemia y quieren experimentar lo que hacen los adolescentes, una etapa de la vida de la que son conscientes que la tienen muy cerca pero no llegarán a ella .

 A pesar de lo particularmente duro del tema abordado, el film es muy agradable de ver debido al tono distendido con que es tratado, con momentos que combinan sonrisas, alguna carcajada y unas cuantas lágrimas. La línea que separa el sentimentalismo del pastelón es muy fina, igual que la frontera entre lo entrañable y lo frívolo cuando se introduce el humor en este tipo de historias. El director en este sentido juega con distintas emociones pero sin cargar demasiado las tintas en ninguna, de forma que no llega a cruzar esas delicadas barreras divisorias. Es por tanto una película muy equilibrada en cuanto al tratamiento de las emociones que maneja. No llega a ser tan intensa como La decisión de Anne, pero tampoco deja de tomarse en serio la importancia del asunto. Por otra parte los actores Robbie Kay y Alex Etel son impresionantes, dos jóvenes promesas que llenan la pantalla en todo momento. Les acompaña otra actriz de su quinta, Ella Purnell, que si bien tiene buena presencia en pantalla, su papel es bastante secundario. Los adultos Ben Chaplin y Emilia Fox, en los roles de los padres del protagonista, también están muy correctos, pero queda patente que las estrellas de la función son los niños. En definitiva se trata de una película muy notable, con emocionantes interpretaciones y una dirección muy equilibrada que demuestra un gran respeto del director tanto por el material que maneja como por el público al que se dirige.
Lo mejor: Los actores Robbie Kay y Alex Etel.
Lo peor: Nada en particular. Quizá para algunos puede dar una sensación global de que podría ser más intensa, pero ya es cuestión de cada uno lo que espere sentir con la película.
publicado por Ramón Ramos el 30 octubre, 2010

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