‘Biopic’ sobre Li Cunxin, bailarín chino de ballet que pisa suelo norteamericano para triunfar en su arte. Una refinada crítica al totalitarismo chino durante las décadas 70 y 80.

★★★☆☆ Buena

En pleno brasero de la polémica sobre la censura en los medios de comunicación chinos aparece ‘El Último Bailarín de Mao’, una crítica a la dictadura comunista latente en China. Pero también supone una medalla al gobierno norteamericano y su política liberal demócrata. El director Bruce Baresford (Paseando a Miss Daisy, 1989), experto en cine inmigrante, filma en esta ocasión sobre las relaciones entre Estados Unidos y China.


La película es como una muñeca rusa, en la que dentro del arte cinematográfico encontramos otro, el de la danza. El film ofrece actos de ballet entre historias de amor, decisiones difíciles, política internacional, unión familiar y lucha constante, y esto último es algo que a los chinos se les inculca de pequeños: Ser los más fuertes, los más capaces y resistentes.


Cunxin se sorprende ante objetos, costumbres, expresiones o artefactos norteamericanos con una sucesión de reacciones demasiado inocentes y forzadas en algunos momentos. Pero dentro de las exageraciones típicas en este tipo de películas, ‘El Último Bailarín de Mao’ es una historia interesante y bien narrada, aunque no aprovecha el final para poner un acento al peliagudo argumento.


Mención aparte merece en que fue actor fetiche de David Linch, Kyle MacLachlan (Dune, 1984; Blue Velvet, 1986 y la serie Twin Peaks 1990-91) que hace una de sus apariciones breves de pelo en laca y piel bronceada a las que nos tiene acostumbrados últimamente.

Lo mejor: -Una historia interesante, real y de denuncia.
Lo peor: -La a veces sobre actuación de los actores.
publicado por Miguel Ruiz Manzano el 22 octubre, 2010

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