Sin embargo, pronto se dará cuenta de que el mundo en el que vive la estrella, solo acompañada por su fiel criado Max, no es el mundo en el que vive el resto de los mortales; se ha creado un mundo de fantasía en el que ella es la protagonista y nadie le puede hacer sombra. Un mundo del que nadie parece dispuesto a sacarle por temor a que la caída sea horrible.
Wilder nos regala una maravillosa composición de lo que debe ser esa vida después del éxito, una vida vacía y solitaria, creada solo a partir de su propia fantasía, una vida en la que nadie más que quien ella elija puede entrar, y de la que será prácticamente escapar. Joe Gillis se verá atrapado en esa vida en la gran mansión de Norma; pero la principal presa de esa vida es ella misma, que no se atreve a ver la realidad y prefiere seguir encerrada en su jaula de oro antes de darse cuenta de que el resto del mundo ya no la tiene en cuenta para nada, y que nada volverá a ser lo que era antes.
Un reflejo dolorosamente lúcido de lo que espera más allá de las estrellas, donde la luz ya no llega, donde se deja de brillar y se pasa a ser uno más de los mortales. Imprescindible.
