The Runaways pretende situar al espectador en plena década de los ’70 para contar el auge y caída de un grupo de punk-rock formado íntegramente por mujeres. En cuanto a la ambientación, la película logra salir airosa (no sería el primer caso de una cinta ambientada en los ’70 que cae en el ridículo intentando reproducir la época), centrándose en las dificultades sociales contra las que se toparán las chicas para llegar hasta el estrellato y lograr que se las tome en serio. Por ejemplo, en uno de los diálogos de la película, el profesor de guitarra de una de las componentes del grupo le dice: “las chicas no tocan la guitarra eléctrica”, a lo que ella responde subiendo el volumen de su amplificador y haciendo tronar el local. Desconozco si la escena sucedió en realidad, pero se tiene que reconocer que, cinematográficamente, la cosa tiene su efecto. Por el contrario, en lo de narrar la historia de un grupo de música, la película termina quedándose en las anécdotas, en el morbo, en las drogas y en alguna que otra relación lésbica ocasional, dejando una sensación de vacío general en el espectador, acerca de lo que fue el grupo.

Lo dicho, al parecer en los setenta los únicos que podían hacer rock eran los tios, por muy amanerados y/o andróginos que resultaran ser. La cosa cambió en 1975 cuando la guitarrista Joan Jett conoció a una chica que tocaba la batería con la que decidió hacer un grupo únicamente compuesto por mujeres: The Runaways. A ellas se les unió otra guitarra y una bajista, junto con un mánager de gran reputación en la época que, sorprendentemente, decide apostar por ellas desde sus inicios, a pesar de que en un principio la cosa suene como el mismísimo culo. La guinda del pastel resultará ser la rubia cantante del grupo Cherie Currie, una chica de apenas quince años, fan de David Bowie, que una noche conocerán en una discoteca y que, casi, contratan sin que deba abrir ni siquiera la boca.

Las chicas trabajarán duro a partir de entonces para lograr sonar como un auténtico grupo de punk-rock, sometidas a las peculiares técnicas de motivación de su estrafalario mánager. Por ejemplo, en una escena del film, el susodicho hace entrar en la caravana donde ensayan, a un grupo de muchachos que se dedicarán a lanzar mierda varia a las chicas sin ningún tipo de piedad, sólo para que aprendan a esquivar lo que les pueda arrojar el público en sus conciertos. Lo cierto es que la cosa termina pareciendo más un entreno para ninjas que para músicos. El resto de la historia ya se lo pueden ustedes imaginar: sexo, drogas, rock’n’roll y ego, un cóctel que suele resultar de los más explosivo.

La película es la opera prima de la directora Floria Sigismondi, que para su debut a contado con los rostros populares de Kristen Stewart y Dakota Fanning, dos jóvenes promesas al alza y viejas conocidas de la saga Crepúsculo. Stewart interpreta a la guitarrista fundadora del grupo, una tia dura (eso se sabe porque suele vestir con ropa de cuero) y la que se toma más en serio el grupo. Fanning, por el contrario, interpreta a la cantante, que terminará convirtiéndose en la imagen de la banda, a pesar de no tener ninguna relación con el proceso creativo de las canciones, que aderezará sus actuaciones vistiendo ropas escuetas y ajustadas. Sus actuaciones resultan correctas y cuesta poco adivinar un próspero futuro para ambas actrices. El grupo, además, está formado por otras tres integrantes, pero si la película no les da cancha en ningún momento, mucho menos se lo va a dar un servidor.

A pesar de la buena ambientación, cabe e decir que la película termina resultando bastante fallida. Y es que el mayor problema de la cinta resulta ser que le falta fuerza y eso, tratándose de una historia sobre un grupo de punk, es imperdonable. La directora no consigue trasladar toda la rabia necesaria y, en algunos momentos del metraje, la cosa termina por sosear más de la cuenta. Además, cabe destacar lo poco original del proyecto, con una historia que sigue a rajatabla todas las fases propias de estos tipos de biopics. Incluso algunas situaciones nos remiten a otras ya vistas en otras películas, como aquella en que las jóvenes se reúnen para beber bajo las letras del cartel de “Hollywood” y conjurarse para lograr la fama. Es como que todo esto ya me lo sé.

publicado por Jefe Dreyfus el 14 septiembre, 2010

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