Además de aleatorio, el poder divino otorga un favor dudoso, sujeto al análisis parcial de médicos católicos, deseosos de añadir milagros a la cuenta particular de la Iglesia.

★★★☆☆ Buena

Lourdes

El próximo día 25, Cameo Media tiene previsto lanzar una edición en DVD para alquiler de una película que paso rozando nuestras carteleras hace unos meses, pero que no carece de interés. Se trata de la última cinta de la directora austríaca Jessica Hausner, ganadora de varios premios en Venecia, y del Giraldillo de Oro, el galardón más importante del festival de Sevilla de cine europeo (allí es donde pudimos verla).

Lourdes es un filme muy especial. Una película que necesita reposar en nuestra mente varios días para poder hablar de ella. Desde luego no es la típica cinta religiosa, al uso de la Iglesia, que se solía hacer en los años 50 para recrear la vida de los santos y los milagros a ellos atribuidos. Es una obra más realista y profunda que, aunque tiene como eje o punto de giro la aparente curación milagrosa, sin embargo trata de algo menos divino; y más complejo: la propia naturaleza humana.

Christine es una joven inválida (atentos a la estupenda Sylvie Testud, una actriz ya reconocida), paralítica de cuello para abajo, atada a su silla de ruedas, que viaja a Lourdes con un grupo de discapacitados, acompañados por enfermeras y voluntarios pertenecientes a la Orden de Malta. Para Christine la esperanza de una curación repentina queda fuera de sus expectativas; realmente ella utiliza la visita a la ciudad de los milagros como excusa para salir de su casa y poder viajar acompañada. En el grupo hay personas con distintas dolencias (o sin ninguna aparente), más o menos creyentes, que no provocan compasión al espectador (mérito de la directora), pero sí una sensación desagradable en cuanto a que la visión realista, casi documental, de su vida rutinaria, y los cuidados por parte de los voluntarios, se presentan con toda su crudeza.


A los enfermos hay que añadir una serie de personajes sanos que circulan en su entorno, e interaccionan con ellos. A veces para evocar sus sueños de conseguir una vida normal (los flirteos de sanitarias y uniformados); otras para infundirles esperanza, como la piadosa enfermera jefe, cuyo comportamiento esconde un secreto; o la compañera de habitación de Christine: Frau Hartl, un personaje sujeto a la interpretación del público, entre testigo principal de los sucesos extraordinarios que van a acontecer o verdadero artífice de ellos. El resto forma parte del coro de la película: desde las turistas cotillas que se acercan al lugar por puro morbo, hasta los escépticos que discuten con un cura que acude a la fe como único argumento posible, pero que se relaja contando chistes irreverentes. Digamos, que la ambigüedad preside esta original cinta.

Y es que es difícil acomodar la película de Jessica Hausner a alguna tendencia o autor concreto. Nos da por pensar en Eric Rohmer cuando intentamos situar Lourdes, pero lo hacemos con todas las reservas –entre ellas la falta de diálogo- ya que lejos de ser el epígono del francés, la obra de Hausner sólo se aproxima a él por el realismo, la desdramatización de personajes y situaciones, y la aparente simpleza del guión. El resto es personal: como los largos silencios protegidos por encuadres fijos que obligan al espectador a adivinar los pensamientos de los protagonistas; y la poco habitual estructura dramática, donde el punto de giro (el milagro) se hace esperar demasiado tiempo. Hasta ese momento, auque se esbocen algunos caracteres, la película es más descriptiva que otra cosa. Allí destaca la exposición que hace Jessica Hausner del negocio millonario que genera la fe.

Es a partir de la sanación de Christine cuando se desatan (sin desmadrarse) los celos, las envidias y la sensación de la existencia de un Dios caprichoso que de entre todos los necesitados elige a la menos creyente. Además de aleatorio, el poder divino otorga un favor dudoso, sujeto al análisis parcial de médicos católicos, deseosos de añadir milagros a la cuenta particular de la Iglesia. Curaciones que nadie asegura vayan a durar siempre. Milagros que pueden tener o no caducidad dependiendo de si el beneficiado se muestra digno de ellas; o simplemente porque ha pasado por un episodio de mejoría transitoria. Es decir, seguimos con la incertidumbre. También presente en el final abierto; e incluso tras él.
publicado por Ethan el 19 agosto, 2010

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