Entonces llega lo mejor de los mercenarios. Acción pura sin adornos estéticos, huesos que crujen, cuerpos que estallan, balas que revientan cabezas sin adornos innecesarios. Violencia salvaje en estado puro, ruido atronador.

★★★☆☆ Buena

No me cuesta figurarme al protagonista de Rambo con unas cervezas en su casa pasando en el reproductor la última de acción de Matt Damon. Mientras repasa los fotogramas suelta todo tipo de tacos. Un montón de interrogantes pasan por su mente, ¿Qué hace este tipo de apenas 1,70 y cara de comer hamburguesas dando patadas?

Entonces lo sabe, tiene casi edad de jubilación, artrosis, le cuesta respirar en ocasiones, su corazón no bombea igual que antaño. De todas formas conoce lo que es el verdadero cine de acción, en los 80 caminaban sucios, dolían las escenas de ostias, los tipos no tenían piedad. Duros, casi siempre un poco o muy majaras, nada de blanditos de corazón, nada de efectos especiales por ordenador. En esas escenas los brazos crujen, la sangre chorrea la pantalla.

Por eso cogió el teléfono acordándose de viejos colegas. Sacaba a su compañero de correrías en Rocky 4 “Dolph Lundgren” de sus caspas directas al video-club para repartir estopa en pantalla grande de nuevo, contrataba a los jóvenes Jason Statham que desde Transporter demuestra desenvolverse bien en el género, el toque oriental lo pone Jet Li al que muchos recordarán por Danni De Dog. Cameos del protagonista de la saga “Jungla de cristal” Bruce Willis y el Terminator Swarsenegger, lástima que no se unan al armageddon de tiros y testiculina. Pues la participación de ambos se limita a una escena donde se contrata el grupo de Stallone para la misión principal de la cinta. Lo de menos, una isla perdida dominada por un dictador, el grupo de tipos duros debe derrocarlo y acabar con su dominio.

Los mercenarios no destacan por su argumento, mil veces visto y hasta esquemático.  La dirección del inolvidable Rocky se encuentra llena de desencuadres sin mucho sentido. Los diálogos brillan por lo absurdo, el personaje de Li se pasea todo el metraje pidiendo dinero.  Stratham le suelta esa frase a su ex novia quedándose tan pancho.

–      Tendrías que haberte quedado conmigo porque yo lo valgo.

Entonces llega lo mejor de los mercenarios. Acción pura sin adornos estéticos, huesos que crujen, cuerpos que estallan, balas que revientan cabezas sin adornos innecesarios. Violencia salvaje en estado puro, ruido atronador. No importa la descripción de personajes, sólo necesitamos saber que están deseando repartir cera, que eso es lo que fuimos a ver. El montaje es realmente eléctrico, la fotografía algo descuidada que le da ese aire de suciedad. Es decir, auténtico cine de machos, Stallone es inteligente, sabe que los años no perdonan, sin embargo domina el medio, contrata gente más joven que al igual que él en sus años mozos están sobradamente preparados para suplirle en velocidad, otorgándole la oportunidad de reservarse bajo un arma ahorrándose el cuerpo a cuerpo.

Para poner un poco de interpretación, el luchador Mickey Rourke que tal como demostrará en el título nombrado, es mejor actor que todos sus compañeros juntos. No tiene mucha cancha pero su monologo pone la guinda a tanta testosterona sin gran peso dramático.

Entretenida propuesta del cowboy Stallone que todavía sabe ofrecer acción sin coartadas a la antigua usanza.

Lo mejor: Va al grano, ofrece lo que se espera.
Lo peor: Las interpretaciones y diálogos son de pena.
publicado por Andrés Pons el 15 agosto, 2010

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