El truco para quienes carecen de talento pero se mueren por adquirir popularidad es ir a lo fácil. Tostón surrealista en blanco y negro, incoherente y ontológico. Todo cabe en el saco para dar el pego y querer colar el gol de la pseudogenialidad.

★☆☆☆☆ Pésima

Da soberana pereza perder el tiempo en hablar de películas de esta calaña. Ya no digo de esta película en concreto, pues hablar de éste es hacerlo de un grupo muy característico: de todas aquellas obras que rezuman pedantería por los cuatro costados. Hace poco tenía la oportunidad de visionar un mojón denominado Otto; or up with dead people, cuya jactancia en el título corre pareja con la que infla cada uno de los minutos interminables de duración.

Y como estas dos hay miles de obras infumables que engañan a quien desea a toda costa descubrir metales preciosos, y al final ve diamantes donde sólo hay los cristales de una botella de cerveza barata hecha añicos.

Repito lo que digo siempre al hablar de estos bodrios: el truco para quienes carecen de talento pero se mueren por adquirir notoriedad popular es ir por la vía rápida. Es decir, acudir al surrealismo, a la burda, anacrónica y patética imitación de la Nouvelle vague, de Godard, de Ingmar Bergman, del tostón superrealista en blanco y negro, incoherente y ontológico… Todo cabe en el saco para dar el pego y querer colar el gol de la pseudo-genialidad.

En fin, si deseas un somnífero infalible lee la Crítica de la razón pura de Kant o mírate esta película.

publicado por Francesc Canals Naylor el 19 julio, 2010

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