Todos los personajes se muestran con luces y sombras y están admirablemente interpretados.

★★★★☆ Muy Buena

En sus últimos días de vida el célebre escritor León Tolstoy fue testigo de cómo su socio Vladimir Chertkov,  líder del movimiento Tolstoyano, y su amadísima esposa la condesa Sofía, se disputaban su legado por distintos intereses: él por la causa social que defiende y ella por su familia. Esta es la historia que nos cuenta Michael Hoffman en su película La última estación (The last station, 2009).

 

Todos los personajes se muestran con luces y sombras y están admirablemente interpretados. Los veteranos Christopher Plummer y Helen Mirren, en los respectivos papeles de Tolstoy y su mujer, están pletóricos y de hecho recibieron sendas nominaciones a los Oscar en la pasada edición. Plummer perdió contra Christoph Waltz por Malditos bastardos, algo que resulta comprensible, mientras que Mirren se quedó sin estatuilla frente a Sandra Bullock por The blind side, algo que podría ser discutible. Completan el reparto el siempre interesante Paul Giamatti y los jóvenes actores James McAvoy y Kerry Condon, que consiguen no desentonar al lado de tanta veteranía y están a la altura de las circunstancias.

 

Basada en la novela de Jay Parini, Hoffman coescribe con el autor el guión y dirige con elegancia esta apasionante historia, con un ritmo narrativo simplemente correcto y una intensidad emocional equilibrada. La fotografía y la recreación de la época, acompañadas de la adecuada música, forman el marco idóneo para disfrutar de este drama biográfico que se desarrolla en la Rusia de principios del siglo XX.

Lo mejor: Los actores, especialmente Helen Mirren.
Lo peor: Quizá un exceso de corrección en las formas, que puede resultar demasiado académica en algunos momentos.
publicado por Ramón Ramos el 1 julio, 2010

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