El Padrastro es un inteligente thriller con elevadas dosis de terror beneficiado por múltiples factores, siendo el primero de ellos su soberbio guión, en el que participaron Carolyn Lefcourt, Brian Garfield y Donald E. Westlake. Es digno de alabanza el esmero puesto en la confección de un libreto potente, cargado de elevadas cotas de suspense y carga dramática, siendo a la vez directo, claro y conciso en sus planteamientos. En la película hay una tensión contínua que el espectador puede compartir en múltiples ocasiones. También se hace gala de un humor negrísimo en determinados puntos de la historia que no hacen sino acentuar ese tono macabro generalizado que emana el film.
La segunda gran virtud de El Padrastro son las interpretaciones. O´Quinn hace un trabajo sensacional como padre trastornado, siendo su sobriedad lo que más escalofriante resulta y su caracterización de demente ansioso por la vida perfecta es simplemente brillante. La interpretación del protagonista principal tiene una fuerte rival, Jill Schoelen, que interpreta a la hijastra adolescente, traumatizada y obsesionada con desvelar la verdadera identidad de su padrastro.
El film tiene escenas memorables que, evidentemente, no revelaré aquí, pero que han pasado a la historia del cine de terror modelo haciendo de este trabajo una de las obras más representativas de la década de los 80 y uno de los mejores psicothrillers. El mayor lastre, sin embargo, vendría a ser ese tono de telefilm que impregna cada fotograma de la película. No obstante, este es sólo un mal menor, puesto que contamos con una más que impecable banda sonora, netamente ochentera así como con unas limitadas pero acertadas dosis de sangre, sin llegar al exceso.
En definitiva, El Padrastro es una buena cinta de terror de recomendable visión para el aficionado, y más aún para completistas de la irrepetible década de los 80. Es entretenida, es ágil, dinámica y tiene un acertadísimo final que deja plenamente satisfecho.
Se merece el 9. Contó con dos secuelas y el año pasado con un insulso remake.
Lo mejor: Prácticamente todo merece la pena en esta película, pero me quedo con Jill Schoelen sin lugar a dudas.
Lo peor: La verdad, nada de nada. Si acaso, ese tufillo a telefilm que lo envuelve todo.
