Una épica y entretenida precuela de la leyenda de Robin Hood servida por el tándem Scott/Crowe.

★★★★☆ Muy Buena

Robin Hood 2010

El heroísmo, los arcos y las flechas vuelven a llenar la pantalla de la mano de Ridley Scott en la enésima adaptación cinematográfica del legendario Robin Hood (2010). En 2004 se estrenó El Rey Arturo (King Arthur) de Antoine Fuqua, que proponía la recreación del personaje histórico en que se basó la leyenda de Camelot por todos conocida. La cinta de Scott parte de una premisa similar con otro personaje legendario, la de mostrarnos el origen del arquero de Sherwood justo antes de convertirse en leyenda. De esta forma se plantea a Robin Longstride como un arquero al servicio  del  rey Ricardo Corazón de León en las Cruzadas. De regreso a casa se convierte en sustituto de sir Robert de Loxley, noble caballero y mano derecha del rey, para devolver a Inglaterra la corona de Ricardo y la espada de Loxley.

 

El motor que mueve la evolución del personaje principal es el reencuentro de un héroe con su pasado y el legado de su padre, con el que apenas ha tenido relación, tema que curiosamente  pudimos ver también hace escasos días en Iron Man 2. Por otro lado las conspiraciones políticas y la opresión del pueblo obligado a pagar impuestos abusivos por la sed de poder a cualquier precio de un mandatario mediocre y mezquino, centran la atención de la trama, relatada con buenas dosis de idealismo, corrupción, heroicidad y romance.

 

Ridley Scott recupera la fuerza visual y tono épico de la narración que demostró en Gladiator (2000) y que parecía haber perdido en la espectacular pero fallida El reino de los cielos (2005). Russell Crowe y Cate Blanchet recrean a unos Robin y Marian más que convincentes. La película resulta muy equilibrada en cuanto a la combinación de acción y desarrollo de la historia y personajes, fruto de la veteranía de Scott tras las cámaras y de un guión bastante sólido de Brian Helgeland, el otrora guionista de títulos como L.A. Confidential (Curtis Hanson, 1997) o Mystic River (Clint Eastwood, 2003). El príncipe Juan está retratado con cierto parecido al Comodo de Gladiator, pero el actor que le da vida, Oscar Isaac, aunque correcto, no alcanza como rey de Inglaterra el nivel de Joaquim Phoenix como emperador romano. El otro villano de la función tiene más peso con la intensidad en pantalla de Mark Strong, al que hemos visto a principios año también de malo enfrentado a otro héroe antológico en Sherlock Holmes (Guy Ritchie, 2009). Es la segunda vez que este actor se pone a las órdenes de Scott tras Red de mentiras (Body of lies, 2008), en la que compartió también cartel con Russell Crowe cuyas colaboraciones con Ridley se remontan más atrás en el tiempo: Gladiator (2000), Un buen año (A good year, 2006),  y American gangster (2007). Los veteranos Max Von Sydow, William Hurt y Eileen Atkins, dan el toque crepuscular al conjunto. La banda sonora de Marc Streitenfeld es buena, pero en la inevitable comparación con Gladiator, se echa algo de menos la mano de Hans Zimmer tras la partitura.

 

Igual que en 1976 Richard Lester nos contaba una historia desarrollada varios años después de la mítica aventura del bosque de Sherwood en la interesante  Robin y Marian ofreciendo unos personajes envejecidos, con unos espléndidos Sean Connery y Audrey Hepburn, ahora Ridley Scott opta por contar lo que ocurrió antes de aquellos hechos . La historia por todos conocida ha sido retratada numerosas veces en el cine, de las que cabe destacar la clásica Robin de los bosques (The adventures of Robin Hood, Michael Curtiz 1938), con Errol Flynn y Olivia de Havilland, Robin Hood: príncipe de los ladrones (Robin Hood: prince of the thieves, Kevin Reynolds, 1991), con Kevin Costner y Elisabeth Mastrantonio, y la versión animada de Walt Disney Robin Hood (Wolfgang Reitherman, 1973).

 

En definitiva, una épica y entretenida precuela de la leyenda de Robin Hood servida por el tándem Scott/Crowe, con una correcta partitura musical, buena ambientación, buen guionista y un notable elenco de actores.

Lo mejor: El tono épico y heroico del relato.
Lo peor: La inevitable comparación con Gladiator en la que Robin en algunos puntos queda algo por debajo del gladiador.
publicado por Ramón Ramos el 19 mayo, 2010

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