Un conjunto de gags al que algunos piadosamente denominan comedia, pasando por alto que una verdadera comedia es algo con mucho más calado artístico y solidez estructural que esto.

★★☆☆☆ Mediocre

Me daba pereza tener que poner a caldo, nuevamente, un producto alabado por absolutamente todos los críticos de esta querida web. El caso es que se me olvidó tan incómoda cita hasta que hace pocos días leí la crítica del compañero Xalons. No solamente recordé mi compromiso aplazado de plasmar las 2 ó 3 ideas que tengo acerca de Shaun of the Dead, sino que me reconfortó saber que al menos hay una persona más a quien no le gustó el trabajo de Edgar Wright.

No quiero caer en el extremismo, de modo que reconozco que no es una obra pésima, ¡pero tampoco voy a elevarla a la categoría (como he leído) de obra maestra! Si eso es una obra maestra, el listón de la calidad artística en general ha bajada mucho en algún momento en que me debí quedar dormido en los laureles.

La génesis de Shaun of… es ésta. Los amiguetes Simon Pegg (Shaun en la película) y Wright tienen la idea cachonda de rodar esta obra mientras se hallan realizando un capítulo de la serie de televisión Spaced. Ellos mismos escriben el guión, para lo cual dedican un tiempo de 18 meses. Según cuentan, pretendían acercarse un poco al estilo cómico de Sam Raimi, pero no viéndose capacitados para ello (sabia decisión…) deciden enfocarlo desde otro ángulo. Es decir, hacer un poco lo que salga.

Este hacer la película a salto de mata, contando con algunos momentos de improvisación y con la participación de Nick Frost (Ed), otro coleguilla de Pegg y Wright, ex camarero sin mucha experiencia en la interpretación, se trasluce a lo largo de todo el film. Afirman que deseaban, más que burlarse, hacer una especie de homenaje al cine de zombies del maestro Romero, pero lo que consiguen es elaborar un popurrí de escenas caricaturescas de algunas cintas que visualizaron expresamente para preparar su obra, tales como La noche de los muertos vivientes (1968) o Perros de paja (1971). Para intentar paliar esta falta de consistencia, se adivina un esfuerzo por empotrar a toda costa un supuesto hilo argumental que se desinfla por momentos (la historia de desamor entre Shaun y su novia).

A mí la sensación que me dio es la de estar tragando una colección de chistes entre camaradas que gastan de un sentido del humor muy propio que ya ha hecho callo entre su público. Algo así como si en España los cómicos Buenafuente y Berto tuvieran la ocurrencia de llevar más allá alguna broma gastada en algún plató de televisión, para rechifla y gozo de sus fans trasnochadores. Es una cinta atiborrada de bromas cándidas e ininterrumpidas, en la onda de Los Simpson. De esas comedietas que cuando ves el tráiler piensas que pueden ser harto divertidas, pero que una vez estás en el cine se te empiezan a hacer pesadas (como me pasó, por ejemplo, con Austin Powers). Hay escenas muy logradas, como cuando el grupo se pone a ensayar cómo parecer un muerto viviente, pero la tónica general es de un humor fácil y superfluo. Por demás, estos gags reiterativos no hilvanan ninguna trama interesante, ni ningún verdadero homenaje al género (como sí sucede en la gran Zombieland). Es meramente eso, un cúmulo de sketches unos con más gracia que otros. Sea como sea, resulta difícil llegar al final sin oír tremendos bostezos en la sala de cine. Bostezos de gente que espera el siguiente gag para descerrajar una carcajada aprendida (Ja-ja-ja), buscando el coro armonizado de la sala entera.

¿Se puede rodar una buena película de gags? Por supuesto que sí, y hasta una obra maestra. Sin embargo, para ello se necesita del talento de un Blake Edwards (y del concurso de un genio como Peter Sellers en El guateque), o incluso, si se quiere, de un Rowan Atkinson o hasta de los Monthy Python . Personajes todos ellos cuya sola presencia desprende una hilaridad mágica, cada uno en su estilo. Pero estos chicos británicos de Zombies Party se han lanzado al género más difícil cuando en la piscina no había ese líquido llamado talento.  

En definitva, un conjunto de gags al que piadosamente algunos denominan comedia, pasando por alto que una verdadera comedia es algo con mucho más calado artístico y solidez estructural que esto.

 

 

publicado por Francesc Canals Naylor el 11 mayo, 2010

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