Bonita, simpática, entretenida. Adjetivos que, viniendo de un director con menor talento, nos resultarían adecuados. El problema es que la nueva Alicia, de alguien como Tim Burton, podría haber sido algo más que un juguete (bonito, simpático, entrete

★★★☆☆ Buena

Alicia en el país de las maravillas – de titulo original Las aventuras de Alicia en el país de las maravillas– es un clásico imperecedero de la literatura universal. Su creador, el sacerdote anglicano y escritor británico Lewis Carroll. El particular e imaginativo universo que creó en su obra ha sido, desde su primera publicación en 1865, una montaña de ideas e influencias para literatura y el cine fantástico, e incluso para la música y la pintura. Su complejo entramado ha conseguido que fuese no solo pieza de lectura para niños, sino también objeto de estudio del mundo adulto en ámbitos profesionales (matemáticos, psicólogos, filósofos). La historia tuvo continuación en 1871 con la menos reconocida A través del espejo y lo que Alicia encontró allí. El cine, desde sus primeros años de vida, puso en imágenes la obra de Carroll, contándose hasta la actualidad más de una decena de adaptaciones. La más popular, y posiblemente la mejor, siempre ha sido la que llevó a cabo Walt Disney en formato animado allá por 1951. De hecho, generalmente la obra es conocida a raíz de tal película, que sin embargo adaptaba también parte de la secuela literaria. Que ahora, en el 2010, se estrene una nueva versión con Tim Burton detrás de las cámaras era algo que, si no durante este año, alguno tendría que ocurrir. Y es que el universo de Alicia está totalmente casado con el imaginario y las inquietudes, incluso personales, del extraordinario cineasta.

Anticipando que los universos de Carroll y Burton se dan fácilmente la mano, así como que el talento de su director está fuera de toda duda, la espera ante la nueva Alicia no hacía más que crecer en expectativas. Precisamente, tales expectativas son las que pueden jugar una mala pasada durante el visionado. Me explico. Alicia en el país de las maravillas, versión Tim Burton, no es una mala película. Sin embargo, me ha resultado más funcional que magnifica, más eficaz que transcendente. Si la hubiese dirigido un Joe Johnston o un Cheris Weitz cualquiera, no sorprendería. Pero hablamos de la esperada puesta en imagen de un gran creador, autor, trabajando sobre un universo que le daba muchas y ricas posibilidades. Con esto en cuenta, hay que restarle algún que otro punto al resultado final. No obstante, avisar desde el principio que Burton no ha hecho un remake de la película de Walt Disney, ni una revisión de la obra literaria. En realidad, lo que ha pretendido es llevar los personajes de aquellas a su terreno, y a partir de ahí confeccionar una nueva historia (sin olvidar ciertas situaciones) que más bien parece una continuación cinematográfica. Alicia no es una niña, sino que ya ha pasado la mayoría de edad y está a punto de ser casada, sin ella quererlo, con un horrendo tipo con el titulo de Lord (no olvidemos que la acción se sitúa en el siglo XIX). Su salida a tan incomoda situación es perseguir a un conejo blanco, que la llevara hasta la entrada del nuevo mundo de las maravillas. Lo que ocurre es que, una vez dentro, sus habitantes ya parecen conocerla, pues es la Alicia que les visitó de niña, aunque ella al principio no lo tiene tan claro.

Pese a que se mantengan los personajes (Sombrerero, Gato de Cheshire, Reina de corazones, Conejo blanco, etc.), estamos ante otra cosa. La odisea pesadillesca que, en realidad, nos contaba la obra original, aquí sucumbe ante una aventura preciosista y digital en abundancia. El rodaje en las nuevas tres dimensiones es un acierto de cara a sumergir al espectador en las situaciones, pero éstas, pese a resultar casi siempre entretenidas y simpáticas, no destacan más allá de lo esquemático. Introducción, desarrollo y, sobretodo, desenlace, suceden de forma rápida y sin entrar en muchos detalles. Parece que importa más deslumbrar con algunos efectos y crear nostalgia con variados guiños que entusiasmar a un espectador algo más exigente. Un espectador que seguramente busca en un nuevo Burton algo más que un bonito y distraído juguete de 250 millones de dólares (¡!). El elenco de intérpretes es espectacular, y se nota que no han ido al rodaje con intención de ganar premios, sino de pasárselo bien junto a un colega. El caso más obvio es el de su inseparable Jhonny Depp, en otra de sus creaciones festivas y muy “liberales” en la línea del Jack Sparrow de la saga Piratas del Caribe (Pirates of the Caribbean, 2003 – ¿?) para reinventar al Sombrerero. Otros que se pasean por allí (algunos sólo con la voz) son Helena Bonhan Carter, Anne Hathaway, Christoper Lee, Crispin Glover o Alan Rickman. Todos bastante correctos salvo la que debería haber sido más creíble, la propia Alicia. Y es que la joven y primeriza Mia Wasikowka, aunque físicamente da el pego, como actriz no consigue transmitir a penas una emoción.

 En todo caso, el mensaje sigue presente. Aquel viaje de Alicia la sirve para comprender que uno tiene que ser él mismo, y que pese a los problemas en nuestra vida diaria, la solución no se encuentra en viajar a mundos imaginarios, sino resolverlos en el nuestro. Un mensaje al que se llega después de contemplar buenos efectos especiales, un desfile de interpretes con talento pasándoselo bien, una dirección artística notable, correcta banda sonora (de Danny Elfman, como de costumbre), un guión flojo y, al fin y al cabo,  un director que sabe que ya no tiene que demostrar mucho y que en los últimos años parece haberse hecho mayor. Su sentido transgresor, su pasión por la fantasía gótica, oscura, plagada de humor negro (pese a todo, siempre accesible al gran publico), salvo alguna excepción (¿un barbero diabolico?), va transformándose en colorido, poca sutileza y, puede, una mayor desgana.  Aún así, sigue siendo una buena elección sentarse en un cine y ver cada daño lo que hace. Porque, aunque es cierto que su ultima película realmente destacable fue Sleepy Hollow (1999), tengo que admitir que derramé algunas (bastantes) lagrimas con el final de Big Fish (2003) o que ésta Alicia, aunque no sea ni de lejos un Eduardo Manostijeras (Edward Scissorhands, 1990), tampoco es El planeta de los simios (Planet of the Apes, 2001).

 

publicado por Carlos Cubo el 10 mayo, 2010

Enviar comentario

Leer más opiniones sobre

Desde 2005 muchocine es una comunidad cinéfila perpetrada por Victor Trujillo y una larga lista de colaboradores y amantes del cine.