Una trama descabellada aunque sumamente realista, donde la cabeza tumefacta y podrida de Alfredo García es paseada de un lado a otro, codiciada, zarandeada. Muy recomendable.

★★★★☆ Muy Buena

Cuando una película está, bien hecha, es rotundamente verosímil y tiene un ritmo vertiginoso, el resultado es un artefacto explosivo que nos mantiene pegados a la butaca, boquiabiertos.

Si además esta misma película contiene el sello personal de un director tan genuino como es Sam Peckimpah, el cóctel aún resulta ser más apasionante y digno de admiración. Súmese a todo esto una trama descabellada aunque sumamente realista (Peckimpah sabía que la realidad supera la ficción), donde la cabeza tumefacta y podrida de Alfredo García es paseada de un lado a otro, codiciada, zarandeada. Y ¿quién es este tal Alfredo García? No lo sabemos. Tan sólo sabemos lo que ha hecho: dejar embarazada a la hija de un rico terrateniente chicano (Emilio "Indio" Fernández), quien no tarda en clamar venganza, poniendo precio a la susodicha parte anatómica del osado mujeriego.

A la loable aventura de encontrar al don giovanni, asesinarlo, cortarle la cabeza y llevársela al cacique mejicano, se sumergen numerosos cazarecompensas, unos más beodos que otros. Pero será Warren Oates quien, siempre con su botella de tequila en mano, resultará ser el hampón que dará con el cráneo de Alfredo García. En sus andanzas le acompañará Elita, personaje encarnado por la bella Isela Vega. Y ambos tendrán de todo: sangre, violencia, tierras desérticas, tascas áridas llenas de mirones, descapotables que se averían a mitad de serpenteantes carreteras (que hacen recordar una road movie) y, cómo no, muertos, muchos muertos, tantos como en Perros de Paja. Además, también habrá un extraño intento de violación. Digo extraño porque el violador, en un explícito intercambio de bofetadas y miradas con su víctima (Elita), no se ve capaz de consumar el delito, momento en que es ella quien decide seducir al violador.. Por cierto, éste no es otro que el guapo de Kris Kristofferson, cantante y actor de trayectoria muy irregular.

La pobre cabeza es transportada en el mugriento coche de Benny (Warren Oates), dentro de un saco cuyo hedor putrefacto persiguen tanto moscas como bravucones, sin olvidarse de los familiares del difunto. El personaje de Benny es inolvidable, perfectamente definido, aunque de una frialdad que se alterna con el romanticismo. ¿Está verdaderamente enamorado de Elita? Nunca accede a casarse con ella y, además, al final del filme, a punto de consumar su venganza, la cataloga como su "mejor amiga". Es un tipo curioso, incapaz de enamorarse, duro, muy parecido al más abofeteador Humphrey Bogart, perdedor innato pero dotado de un gran sentido de la justicia y, en lo más hondo, de la humanidad. Oates aseguraba que en quien se inspiró para crear su personaje fue en el propio Peckimpah. Sea como sea, las escenas de un Benny cada vez más demacrado conversando con la cabeza podrida no tienen desperdicio. 

Es de esas obras de las que nuestros padres decían Aquí muere hasta el apuntador. Cierto, muerte por doquier a fuego de ráfagas de metralleta. Venganza, odio, traición, pero sin ensañamiento, sin la crueldad de la paliza que le dan a Joe Pesci en Casino, a pesar de que a Benny y Elita también están a punto de ser asesinados a golpe de pala (cámara lenta) y enterrados vivos en las pampas.

Filme imprescindible que hay que verlo con la misma pasión con la que su director lo rodó. Eficaz, honesto, directo, gracioso, esperpéntico, borracho, delirante, verosímil y, a ratos, chocante. Todo eso y más en una historia que, como la vida, se mueve por debajo de los mandatos del dinero, el sexo y la moral. Y en el centro de esta galaxia, una especie de magnetismo de lo inexorable, lo cual no quiere decir predecible…

Recomendado a amantes del buen cine. 

 

publicado por Francesc Canals Naylor el 1 mayo, 2010

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