Una buena película que nos adentra en un mundo enfermizo y en una misión suicida

★★★☆☆ Buena

Peckinpah no podría hacer cine hoy en España. Y suerte tiene de que no le ha revistado sus films el Ministerio de turno para hacerlas más correctas. El cine de Peckinpah es irreverente, sórdido, sucio y violento. Personajes al límite que dan unas cuantas volteretas más a su vida y que terminan desnucándose, pero a gusto.

Quiero la cabeza de Alfredo García no se anda por las ramas. Desde el inicio vemos una película sin concesiones que nos abrirá los ojos, sobre todo a muchos que ya convivimos con el cine políticamente correcto, a un mundo violento hasta la médula, poéticamente cruel y angustiosamente sudoroso.

El film es la búsqueda del tal Alfredo García por parte de un terrateniente que quiere saldar cuentas con él. Y acaba buscándolo en Méjico, donde compran a un intermediario, Benny, que ve la oportunidad de su vida. Simplemente es llevar la cabeza de Alfredo García como garantía de venganza. Así que se embarca con su chica, una prostituta, en un coche escacharrado y haciendo planes durante el trayecto.

Peckinpah tiene un esquema en sus films. Tiene una premisa sencilla y brutal, un arranque impresionante, un desarrollo cocinado a fuego lento para que los personajes vayan cambiando mínimamente, y una última media hora brutal, llena de sangre y cámaras lentas.

Una buena película que nos adentra en un mundo enfermizo y en una misión suicida.

Lo mejor: La incorrección
Lo peor: Que ya no puedan haber más Peckinpahs
publicado por Israel 'Yojimbo' Nava el 26 abril, 2010

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