Gran historia para una película que no lo es tanto.

★★☆☆☆ Mediocre

Ágora

Siempre suelo sentirme algo torpe ante un film histórico de las características de la película que hoy nos ocupa, debido a que, en parte, el quesito amarillo jamás fue uno de mis preferidos a la hora de jugar al Trivial. Mis conocimientos de historia son alarmantemente básicos y, aunque lo de que la biblioteca de Alejandría se fue a tomar pol culo debido a la intransigencia religiosa ya me lo sabía, uno nunca acaba de saber bien cuando acaban los hechos reales y empiezan los inventados para la ocasión (para conseguir que la trama enganche más, que empaticemos más con los personajes, para hacernos emocionar, vibrar, enfurecer, etc… en definitiva, para que el espectador se enganche más a la cinta). Así pues, mejor no comerse mucho la cabeza al respecto y dejarse de elucubraciones para poder visionar, tranquilamente, la última película de Alejandro Amenabar: Agora.

La película empieza en Alejandría, Egipto, en el siglo 391 d.C., donde encontramos a una profesora de filosofía/matemáticas/astromía (un primor) que imparte clases a unos alumnos, ya creciditos, con grandes ansias de saber. Más tarde sabremos que uno de esos alumnos bebe los vientos por su maestra. A Hipatia, que así es como se llama la profesora, siempre le acompaña su esclavo personal que, además, suele prestar gran atención en sus clases convirtiéndose en una especie de alumno aventajado. Más tarde también sabremos que el esclavo suele tener sueños húmedos con su dueña. Si amigos, la cosa apuntaba a un menage a troi como la copa de un pino, pero, lamentablemente, la película avanzará hacia otros derroteros pues, Hipatia, es más de ser un espíritu libre y en lugar de pensar en buscar varón resulta ser que está más enfrascada en descubrir donde radica el centro del universo.

Como en esa época no había futbol y la gente no sabía de que hablar entre sí por las calles o tomando la copita en el bar, se solía hablar de religión. Y en esa época, en cuanto a religión, el equipo con más aficionados y más hooligans de todos eran los cristianos, que cada vez les iban robando más adeptos a los judíos y a los llamados paganos, equipo al que pertenecía la bella y lista Hipatia. Y es que los cristianos llevaban mucho tiempo sin ganar una Champions y siendo pasto de los leones, con lo cual, ahora que las cosas les empezaban a ir bien, estaban de un chulito subido que no había quien les aguantara. Total, que tres religiones eran demasiadas para una ciudad con tanto polvo y Alejandría era una olla a presión a punto de petar por los cuatro costados. La cosa, ciertamente, acabará estallando, como era de esperar, lo que llevará a la ocupación de la legendaria biblioteca.

Agora es la quinta película del director Alejandro Amenabar y segunda rodada íntegramente en inglés después de Los otros. Reconozco que no soy un fan incondicional de Amenabar (me gustan algunas cosas suyas y otras, como Mar adentro, más bien todo lo contrario). A pesar de todo, siempre le he tenido por un tipo listo, capaz de sacar gran rendimiento a sus historias. En esta ocasión uno tiene la sensación de que la cosa se le ha escapado de las manos, mostrándose incapaz de abarcar todo lo que se nos pretendía contar, mezclando demasiados conceptos sin acabar de profundizar, como un servidor hubiera deseado, en ninguno de ellos. Cabe destacar la puesta en escena de la película, corroborando que se gastaron sus buenos dineros en ambientación y decorados. Además, la cinta cuenta con Rachel Weisz, como absoluta protagonista en un papel que, a pesar de ser un caramelo, no acaba de aprovechar al cien por cien.

Lo cierto es que Agora tiene todo lo que debería tener para ser una gran película: acontecimientos históricos, drama, injusticias, romance, acción, aventuras… ¡matemáticas!. Todos los elementos necesarios estaban dentro de la coctelera, el problema es que a Amenabar se le olvidó agitarla con gracia. Solo de esta manera se puede explicar la falta de emoción que me transmitió la película a pesar de los hechos que allí se estaban sucediendo. Parte del problema, además, radicaba en los personajes protagonistas, mal dibujados y sobre los que nunca se termina de profundizar. En algún momento de la película se puede llegar a confundir alguno de dichos personajes por las columnas de la biblioteca de Alejandría, aunque, por suerte para el espectador, las columnas no parpadean, lo que termina por delatar a los protagonistas de la historia.

publicado por Jefe Dreyfus el 18 abril, 2010

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