No es una obra pésima, pero sí una cinta a medio camino de todo, con ínfulas de terror, suspense y misterio, no siendo sino un cúmulo de tópicos al uso, mal embutidos por una mano sumamente torpe.

★★☆☆☆ Mediocre

Cargo

Confesaré que he visto Cargo a causa de un malentendido. Alguien me la recomendó.

-Es una buena peli de ciencia ficción-, me dijo.

Así que la alquilé y la vi, preguntándome en todo momento dónde estaba la ciencia ficción. Después, muy intrigado, busqué en internet algo de información y me enteré de que existen dos obras con el mismo título. Incluso el póster es casi idéntico, no teniendo nada que ver un filme con el otro. 

Por desgracia yo di con la obra equivocada, es decir, la mala. Cargo, del director Clive Gordon es una producción realizada por las superpotencias intelectuales de España, Reino unido y Suecia…Ahí queda dicho.

No soy partidario de incluir en una crítica de cine una sinopsis de la película, ya que para lo que aquí estamos es para opinar si se trata de una obra de calidad o no. E intentar explicar los motivos. Aún más: destacar lo que convierte en valiosa a una producción, lo que la distingue de las otras o, por el contrario, cuáles son los errores o negligencias que hacen que esa obra carezca de valor alguno.

En este caso, empero, vale la pena reseñar que el argumento habla por sí mismo. Un joven (Daniel Brühl), durante su estancia en África (¿por vacaciones?), roba un brazalete y es perseguido por la policía. En su huida logra abordar una vetusta embarcación. En ella, unos marineros (trasuntos en carne y hueso de los dibujos animados Popeye) se limitan a comer, decir algún taco y pegarse, además de arrojar por la borda a cuanto polizón encuentran. A Daniel Brühl, no obstante, nunca lo lanzan al océano (nadie nos ofrece una lógica sobre el por qué). No sucede nada más y la simplicidad de las interpretaciones es rallana en lo insultante.

El tempo con que transcurre tanta estulticia parece recorrido por un caracol. No sucede nada. Sin embargo, quiere incluirse una suerte de historia paralela, con tintes paranormales, que jamás acaba de cuajar, ni siquiera al final de la película, dejándonos a todos con cara de bobos. Por ejemplo, algunos marineros desaparecen no dejando más rastro que sus botas (¿quién sabe por qué?); los pájaros enjaulados que transporta el barco se ponen a chillar de vez en cuando, como si vislumbraran alguna entidad maléfica; uno de los marineros se vuelve turulato y arroja frases misteriosas. Todo, en definitiva, falsas alarmas, premoniciones sin ton ni son de nada que vaya a suceder después. 

Por consiguiente, a medida que avanza la película, la paciencia del espectador se agota y llega un punto en que éste queda defraudado, sabiendo que ha perdido una hora y media de su valioso tiempo.

Cabe señalar la presencia de Luis Tosar, haciendo las veces de cocinero que murmura cosas sin mucho sentido, siguiendo la tónica pedante y críptica de toda la obra.   

En conclusión, un producto en absoluto recomendable, a pesar de que he leído valoraciones positivas de algunos internautas, cosa que me produce asombro. No es una obra pésima, pero sí una cinta a medio camino de todo, con ínfulas de terror, suspense y misterio, no siendo sino un cúmulo de tópicos al uso, mal embutidos por una mano sumamente torpe.

Lo mejor: El empeño que le pone Daniel Brühl.
Lo peor: No hay lógica, no hay interpretación, ni caracterización, no hay ritmo. Es pedante, pretenciosa, aburrida. Tempo paralizado: no avanza.
publicado por Francesc Canals Naylor el 11 abril, 2010

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