Un plantel convincente de actores, con unos agradables cameos aunque sin venir a cuento, protagonizan una historia que es un cúmulo de días llenos de horror, tensión y duelos cara a cara con la muerte. Sospechar de todo lo que tienes a tu alrededor y desactivar una bomba para que nadie más salga herido. Esa dinámica diaria mina, nunca mejor dicho, la moral de los soldados, pero también se vuelve en una inexplicable droga.
Al estilo de Jarhead en cuanto a la descripción de una rutina, en este caso se vuelve poco aburrida. Es una rutina trepidante. Como ésta tiene mucho protagonismo, los personajes quedan bocetados, no dibujados, y por lo tanto sólo podemos compadecernos de ellos, aunque a muchos de ellos no los lleguemos a entender totalmente.
Bigelow se exhibe como una directora con ritmo que no se queda atrás en cuanto al estilo actual de los filmes trepidantes, y aunque al principio del film use un par de efectos más propios de videoclip, durante el resto de la película domina la historia con una puesta en escena parecida a Black Hawk Derribado.
Una película sobre una profesión de alto riesgo en Irak que se torna en peli de acción con buenos momentos, pero que no llena lo suficiente como para compartir el entusiasmo de muchos.
