Estamos ante una historia ubicada justamente en el 30 de noviembre de 1962, con el conflicto entre los Estados Unidos, la Unión Soviética y Cuba, llamado la Crisis de los misiles en Cuba, que casi provocó una guerra nuclear (aunque en la película sólo se oiga en los medios de comunicación). El peso de la película radica por completo en su protagonista, un profesor de literatura de una facultad norteamericana, llamado George (Colin Firth), que hace ocho meses perdió a su pareja, Jim (Matthew Goode), con el que llevaba dieciséis años de relación. Desde el principio, nos damos cuenta que se siente muy solo y es incapaz de borrar la imagen del accidente que provocó su muerte y por eso tiene pesadillas por las noches que no le dejan dormir en paz. Veremos durante la película escenas que recuerda George de su vida con él y la escena inicial que presenciamos está muy bien relatada y es inevitable pensar que si la película sigue con esa calidad estaremos ante una gran historia. Además, la música de Abel Korzeniowski que acompaña durante toda la película es otro detalle de calidad, tan imprescindible como la interpretación de Firth; igual que la fotografía del joven Eduard Grau, que ahora vive a caballo entre Barcelona y Nueva York.
Lo que indudablemente falla en la historia es su línea argumental, parándose en demasiados detalles que, aunque bastante atrayentes, no dejan de ser un obstáculo para que la película coja algo de ritmo. Ford no puede evitar mostrar su buen hacer a la hora de llamar la atención con su placer por los sentidos, pecando de eso en varias ocasiones en la película. Es obvio que hay momentos muy bellos en los que vemos primerísimos planos de ojos y labios, pero ese entretenimiento lleva a detenerse demasiado tiempo en algo que no lleva a ningún sitio (aunque a un servidor le atraiga mucho). En la historia hay únicamente cuatro personajes importantes: aparte de George y Jim, están Kenny (Nicholas Hoult), el alumno de la facultad que quiere mantener una relación de amistad (o de algo más) con George, y Charly (Julianne Moore), la mujer con la que en un tiempo bastante lejano tuvo George una relación y con la que mantiene una buena amistad. Hay un quinto personaje que más bien está de relleno y es el que interpreta el modelo vasco Jon Kortajarena, del que Ford estaba tan orgulloso y alucinado de su belleza que su personaje es más bien una excusa para recordar a un tipo como James Dean y para incitar en una escena al solitario George.
Insisto en que la historia gana con creces con la interpretación tan conseguida de Firth y con las bellas composiciones de Korzeniowski, porque si no la película sería un fallido pretexto para no contar casi nada. Llega un momento en que uno no sabe cuándo terminará la historia o hasta qué punto se alargará el dilema que presenciamos en la película. Hay también momentos extraños de mezcla de humor y de anti-glamour, como la escena en la que vemos a George leer en el baño mientras hace sus necesidades fisiológicas (o sea, cagar) y en la que, de una forma poco acertada, se nos muestra a los vecinos de enfrente mediante la mirada de George. Aún así, hay que alabar la propuesta de Ford, con una muy conseguida ambientación y una forma diferente a la hora de mostrar la pérdida de un ser querido, acentuando dicho placer por los sentidos.
Lo mejor: Colin Firth y la música de Abel Korzeniowski
Lo peor: El ritmo de la historia
