Lo que aumenta rápidamente la calidad de la cinta es el envoltorio humano que Campanella ha sabido darle; hábil en la contención y extremadamente cuidadoso con el tratamiento del guión.

★★★★☆ Muy Buena

El secreto de sus ojos

Películas como El Secreto de sus ojos (y La Cinta Blanca, recientemente reseñada) confirman que en la lucha por el oscar las cintas de mayor calidad generalmente se encuentran en la categoría de mejor largometraje de habla no inglesa.
Y es que el último filme de Juan José Campanella –importantísimo- descansa en una interesante trama poliédrica que engancha sin decaer, muy bien rodada desde el punto de vista técnico y eficazmente interpretada por Ricardo Darín, un actor que se nos antoja el sucesor ideal de Federico Luppi o Héctor Alterio; con registros tan amplios como los de ellos, pero muy diferente en su forma de entender un personaje.

La historia que narra Campanella transcurre a caballo entre el pasado y el presente. Entre los difíciles años setenta, de feroz dictadura militar en Argentina, y la época actual. Darín encarna a un funcionario del Ministerio de Justicia, ya jubilado, que vuelve la vista atrás para escribir una novela autobiográfica. La decisión del protagonista se convierte en el hilo conductor de la acción. Perfecta excusa que consigue atraer al espectador y no lo suelta hasta el espectacular final. Todo gracias a una trama que pronto se precipita en drama policíaco con tintes puntuales de thriller.

Pero lo que aumenta rápidamente la calidad de la cinta es el envoltorio humano que Campanella ha sabido darle. Siempre desde el punto de vista de Darín, se desarrollan una historia de amor –de desamor- y otra de amistad, ambas verdaderamente emotivas muy bien conducidas por el realizador, hábil en la contención y extremadamente cuidadoso con el tratamiento del guión. Así, las sutilezas de repetir situaciones, tan típicas del guión clásico, aquí cobran una fuerza inusitada cuando las puertas se abren o cierran, según el carácter personal de las entrevistas que se celebran tras ellas; cuando aparecen insertos en flash back, que permanecen en la retina hasta aclararse en el drama; cuando objetos y fotografías se vuelven claves; o cuando las miradas, sobre todo las miradas, se convierten en el origen y en el final de todo.

Pero si la gestión de actores y trama son notables, no lo es menos el manejo de la cámara por parte de Campanella. Mientras las situaciones dramáticas son enfatizadas por primeros planos en escorzo desenfocado, para darle a la emoción el realismo adecuado, las escenas de acción son acompañadas de tomas casi subjetivas, esclavas a un movimiento frenético sorprendente.

En El Secreto de sus ojos, Juan José Campanella disfruta especialmente hablando de la pasión. Y lo hace no sólo en su acepción más sentimental sino en la general: en aquella fuerza irresistible que nos hace volver una y otra vez a atender nuestras aficiones más queridas, a perseguir nuestros sueños inalcanzables, o a dar rienda suelta a nuestros deseos más inconfesables.
publicado por Ethan el 19 febrero, 2010

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