En Teniente Corrupto, Herzog recrea el género policiaco en una ciudad decadente que brinda la oportunidad a los oficiales de la ley de comportarse como viejos cowboys

★★★★★ Excelente

Desde Rescue Dawn, Werner Herzog, director, documentalista, guionista, productor, actor y fundador del nuevo cine alemán (iniciado en la década de los 60 y extendido hasta finales de los 80),  comenzó a revisar géneros no meramente originarios de Estados Unidos, pero sí explotados  por estos de una forma inaudita hasta convertirlos casi suyos. En primer lugar tenemos la extensa cultura fílmica bélica y en esta ocasión Herzog regresa con Bad Lieutenant: Port of Call: New Orleans y su visión nada optimista sobre las fuerzas policiacas, héroes eternos de la cinematografía gringa. A pesar de lo que se ha dicho erróneamente, Enemigo Interno (titulo hispano para la cinta), no es un remake de la película homónima del olvidado director italo-americano Abel Ferrara como se ha afirmado. Realmente no importa la polémica, aunque existen paralelismo más allá del nombre y la primicia de un teniente corrupto y adicto a las drogas en una ciudad casi apocalíptica, la visión final para cada director es distinta y ambas tienen méritos propios para re-hacer el arquetipo del policía yanqui.
Enemigo Interno está protagonizada por Nicolas Cage, Eva Mendes, Xzbibit y Val Kilmer. El primero interpretando a Terrence McDonagh, sargento de la policía en Nueva Orleans, escenario recién devastado por el huracán Katrina, que es promovido y condecorado al grado de teniente por su heroica acción.  El acto homérico resulta su perdición cuál tragedia griega. En una primera escena su personaje claroscuro, rescata a un preso latino de una inundación en las celdas de la prisión neo-orleanniana, al bajar sufre una lesión en su espalda que le provoca dolor por el resto de su vida y la prescripción de fármacos  para el malestar. Seis meses, después los painkillers no son suficientes y comienza a buscar “sanación” en el uso de drogas como la cocaína. A partir de ahí el personaje de Cage (excelentemente logrado, ya que cuando quiere escoge papeles con sabiduría), inicia un descenso psicótico por los infiernos de la naturaleza humana de donde emergen sus propios demonios para consumirlo. Elegido para resolver el misterio de un múltiple asesinato de una familia senegalés que traficaba heroína, el teniente McDonagh, histriónico y totalmente poseído por los efectos de las sustancias, va perdiendo su humanidad y su ética laboral (sí es que alguna vez la tuvo), para transformarse en un ser cínico, amoral y controlado por una serie de alucinaciones en las que se incluye un alma bailando y unas iguanas buscando liberarse de sus cuerpos. Mentiroso, chantajista, violento, pervertido, son algunos de los adjetivos que merece el personaje de Cage. Lo más interesante del personaje no son las mañas de su accionar, ni su adicción a las drogas o a las apuestas, sino la lucidez con la que va resolviendo el caso a pesar de sus debilidades. El interés de Herzog en dibujar la verdadera naturaleza del hombre, de retratar a personajes esquizofrénicos y megalómanos en sus películas ha sido duramente criticado por sus detractores. El director no intenta reivindicar a nadie, se burla, recrea el género policiaco en una ciudad decadente que brinda la oportunidad a los oficiales de la ley de comportarse como viejos cowboys.  En México no nos sorprende reconocer a un policía corrupto, pero tal vez para los estadunidenses significa  una grosería difícil de admitir. Al final, la cinta nos deja un sabor agridulce en la boca porque no podemos llegar a entender si el personaje se redime o el mal triunfa.
Lo mejor: La actuación de Cage, la música y el extraño simbolismo relacionado con la fauna de la región.
publicado por Davo Valdés el 18 febrero, 2010

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