Pero aunque se pueda achacar a la película de querer utilizar esas carencias emocionales de la protagonista para encontrar la compasión emotiva del espectador, hay que decir que las escenas mejor conseguidas son las fuertes peleas con su madre (Mo’Nique). Es verdad que la historia es un dramón y que hay momentos muy incómodos de ver pero recordemos que está basada en una novela, Push, que se ha convertido en un best seller en los Estados Unidos, y que, según se dice, es mucho más dura que la película. Donde radica el problema, desde mi punto de vista, es la aportación de Lee Daniels. La manera de enfocar los pormenores de la trágica vida de la protagonista sí que puede resultar equívoca y en algunas ocasiones busca descaradamente la lágrima del espectador. Además, el director quiso introducir momentos de fantasía con los que sueña la protagonista para darle algún respiro a su vida atormentada. Esas imágenes optimistas de un mundo mejor en el que tiene a su lado a un chico blanco, como ella siempre ha deseado, recuerdan demasiado al formato de videoclip y su fusión con la realidad está lograda con efectos un tanto cutres. Y es que la fotografía es otro dato a tener en cuenta. Las escenas de la clase de la escuela alternativa son demasiado luminosas y si lo juntamos con la estética de la película, da la sensación de que en cualquier momento se van a poner a cantar, como si estuvieran en algún vídeo de Jennifer López. Eso contrasta con las duras escenas mencionadas de la madre, donde la fotografía oscura logra el ambiente deseado.
Llegado a este punto, hay que decir que lo más destacable de la película son las actuaciones de la debutante Gabourey Sidibe y Mo’Nique, ambas nominadas para los Oscars (en total son 6 las nominaciones a las que aspira la película). Pero también hay que mencionar a Maria Carey, que hace un papel correcto como asistenta de la seguridad social, y a Lenny Kravitz, que hace de enfermero. La película tuvo bastantes elogios el año pasado en el Festival de Sundance, cuando la película aún no tenía el nombre definitivo, llamándose Push: Based on the novel by Sapphire, pasando luego a Precious: Based on the Novel Push by Sapphire. Cuenta con la producción de la popular presentadora y muy poderosa Oprah Winfrey, un indiscutible apoyo para el buen curso que lleva la película, muy bien acogida también en Cannes y premiada en Toronto. En el Festival de San Sebastián obtuvo el Premio del Público y algunas espectadoras se acercaron con lágrimas a felicitar a la actriz protagonista, la debutante Gabourey Sidibe. Pero por mi parte, las buenas intenciones de la película se quedan simplemente en el buen trabajo de Sibide, con la ayuda de su voz en off para darnos a entender sus sentimientos. Por lo demás, Lee Daniels no consigue emocionarme ni tampoco impactarme, salvo con los momentos más duros en los que aparece su madre. Quizás es por eso que el final esperanzador de la historia me convenza aún menos.
Lo mejor: La actuación de Sibide y las escenas de las peleas con la madre
Lo peor: La elección de la fotografía luminosa en algunas escenas
