Y a pesar de pertenecer a una generación anclada en su ancestral culto al cuerpo y la belleza el señor Clooney es consciente de que su edad le convierte en un imán para determinados papeles maduros y no los deja pasar. Es el caso de su interpretación, o más concretamente valiosa interpretación, en Up in the air el lo que da la vida a esta cinta profunda envuelta en un precioso papel holywoodiense. Ryan Bingham es un triunfador, su trabajo consiste en viajar por todo Norteamérica para despedir a empleados de empresas moribundas cuyos jefes no son capaces de dar la cara. Día a día amanece en un destino y se acuesta en otro mientras un número indeterminado de caras circulan ante él pasando con la misma poca consistencia que sus familiares, amigos o compañeros de vuelo. Cuando la empresa quiere dar un nuevo “aire” a su trabajo se encarga de llevar a una joven recién llegada de excursión para enseñarle de primera mano su vida, una vida vacía que sólo se completa gracias a las tarjetas de vuelo VIP, el trato preferente y una novieta igual de adicta que nuestro protagonista.
No se engañen, Up in the air no es una comedia, es un drama en toda regla y trata temas como la soledad, la distancia, la familia, el miedo, la madurez, e incluso el amor. Por eso a pesar del tono cómico en el que se escuda el guión el fondo y la forma es un drama hermoso, sobrio y comedido que tiene como mayor virtud la interpretación del ya citado Clooney.
Lo menos notable es, sin embargo, su tendencia a minimizar el trasfondo de por sí suficientemente cercano con pequeñas incursiones familiares y giros de guión aparentemente sorprendentes pero de manual. A pesar de ello debemos reconocer que Up in the air es conscientemente liviana pero contundente para tener un hueco en las películas que darán que hablar este año.
Lo mejor: La interpretación de Clooney.
Lo peor: Que no se atreve a ser un poco más seria y menos políticamente correcta.
