Otro caso en el cual el anuncio supera a la propia película

★★☆☆☆ Mediocre

Solomon Kane

A pesar de albergar algunas esperanzas antes de entrar en la sala de cine, Solomon Kane y su mundo de fantasía épica, hechizos, batallas y bichejos raros, ha resultado ser una profunda decepción para mí, hasta el punto de pensar en la baja por depresión, y eso que no trabajo.
Fui al cine con los ojos y la inocencia de un niño ávido de aventuras y entretenimiento sin pretensiones, pero según avanzaba la película, me aburría más y más, hasta el punto de envejecer y pensar que me la habían metido doblada. Sobre todo por el spot televisivo del filme, que prometía muchas batallas y adrenalina a tope, hasta que se te pusieran los pezones erectos. Pero nada más lejos, pues esta película, basada en los relatos de Robert E. Howard, no tiene nada que ver con el divertimento que supuso Conan en los 80. Lo cierto es que no conozco el personaje de Solomon en papel, pues sólo he accedido a cosillas de Conan el Bárbaro, que siempre me ha resultado más interesante, a pesar de su supuesta simplicidad. No obstante, una vez que te sumerges en sus hazañas y luchas, descubres que hay mucho más allá de unas portadas donde las mozas lucen unos perfectos y redondeados atributos; te encuentras con un mundo mágico, donde todo es posible, y a Conan metido en unos berenjenales de los que siempre sale triunfante, y con los que gozas mogollón. En cambio, no conocía el personaje de la cinta aquí comentada, pero no creo que en las novelas sea tan soso y coñazo como en pantalla. Quizá sean unas historias con una narrativa difícil y una historia compleja de trasladar al cine, aunque conociendo al autor de las novelas, no lo creo, pues Howard (como si fuera colega de toda la vida) prefiere divertir y crear tensión, conceptos que la película desconoce por completo. Normal que la sala de cine estuviera vacía en pleno día del espectador, aunque también habrá tenido que ver la Noche de Reyes y sus cabalgatas repletas de caramelos.
Pues bien, el largo tiene un inicio bastante prometedor, con Solomon y su grupo de guerreros, más malos que el hambre en agosto, entrando en un templo de Inglaterra por la fuerza. Aquí las peleas están muy bien conseguidas y esperas que todo siga así. Pero cuando llega un demonio que exige el alma de Solomon y este se convierte de la noche a la mañana en un hombre de paz, residiendo en un monasterio (algo poco creíble, la verdad), todo cae muchísimo y deseas que a Solomon se le vaya la pinza y vuelva a las andadas, luchando con todo y todos para conseguir tesoros y jóvenes doncellas a las que desvirgar.
Parece que la cosa arranca en varios momentos, pero nunca es así, pues James Purefoy, el actor protagonista, aparte de mostrar sus fornidos abdominales, no deja de estar inconsciente o borracho durante gran parte del metraje. De vez en cuando, para rellenar semejante aburrimiento, nos deleitan con flashbacks de su infancia, que demuestren cómo llegó a ser un tipo con mala baba.
En su viaje fuera del monasterio, de donde le expulsan, se encuentra con una familia muy campechana, casi como el Rey, la cual es atacada por un grupo de guerreros poseídos por una fuerza diabólica. Ante esto sólo puedes exclamar "¡al fin, ya hay hostias!", pero tampoco. Solomon se debate con sus demonios internos hasta que decide ir en busca de la hija de la familia, que ha resultado secuestrada, tras el asesinato de casi toda su familia (lo mejor es que degollan a un lindo jovencito). En realidad, el rapto de la niña es un simple motivo para obligar al héroe a ir tras ella.
En su búsqueda, llega a una Iglesia donde se encuentra con un párroco muy singular. Quizá la mejor parte, que no es decir mucho de la peli.
Y aunque para el final ya estamos más que cansados del engaño de una historia tan descafeinada y simple, hay un ápice de ilusión en nuestros corazones, por la batalla que se avecina. Pero ni aun así, ya que la lucha con el monstruo final, que parece lo mejor del trailer, dura nada y menos. Aunque por supuesto, el final deja claro que hay intención de hacer segunda parte. Esperemos que no, o que sea más amena.
En conclusión, nada que ver con El Señor de los Anillos, pues no hay tensión ni peleas chulas (ni tan siquiera un personaje con carisma o una buena historia), ni con En El Nombre del Rey, ya que tampoco te ríes de lo mala que es.
publicado por Mario Parra Barba el 8 enero, 2010

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